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martes, 16 de diciembre de 2014

De máquinas y hombres: cuatro razones por las que los drones no solucionan los conflictos






Barack Obama justificó los ataques aéreos para frenar el avance del Estado Islámico diciendo que “no se cometerían los errores del pasado”. Los logros desde que en agosto de 2014 se iniciaron los ataques selectivos han sido insuficientes. El ISIS no para de avanzar posiciones y conquistar territorio.
 
Los errores desde que en 2001 se intervino en Afganistán para dar caza a Al Qaeda tras los atentados del 11S, no han sido fruto exclusivamente de la intervención terrestre. El debate en la comunidad internacional parece centrado exclusivamente en la pertinencia de enviar nuevas tropas sobre el terreno pero, en vista de la evolución de la situación geopolítica en Oriente Medio, esta no parece que pueda ser tampoco la solución. Los continuados ataques aéreos, tanto de aviones tripulados como de drones, han ido parejos a un crecimiento exponencial de los ataques terroristas en Irak, Afganistán, Siria y Pakistán, principal blanco de los mismos.

La limpieza de la intervención aérea, en la que apenas existen bajas por la parte atacante y tampoco ponen de manifiesto en imágenes los daños colaterales que causan, ha sido el único modo que Naciones Unidas ha encontrado de ayudar a los habitantes de Oriente Medio para combatir al ISIS. Sin embargo, irakies, sirios y todos los lugares en los que el grupo ha actuado, perciben el apoyo aéreo como una amenaza por los precedentes de costes en vidas civiles cuando estos medios fueron los usados para cazar y eliminar terroristas. ¿A qué se debe la falta de éxito de la operación aérea?

1.    Las máquinas no negocian

Si algo ha faltado desde el principio por parte de todos los actores es voluntad para poner en marcha los mecanismos de solución pacífica de conflictos, previstos por la Carta de San Francisco. Siguiendo la estela de todos los países en los que tuvo lugar la llamada “Primavera Árabe”, en Siria el descontento social que la promovió fue in crescendo por la brutal represión de su gobernante Bassar al-Assad. Aunque en los inicios de las hostilidades se le restó importancia a la violencia desatada, basándose en que se trataba de un conflicto interno, con el paso de los meses, el agravamiento de los sucesos y el traspaso de fronteras del mismo fue cobrando protagonismo en la esfera internacional. Annan y Brahimi, enviados por la ONU para negociar, se rindieron a la evidencia de la imposibilidad de alcanzar ningún tipo de acuerdo en un escenario en el que los miembros del Consejo de Seguridad se habían posicionado en bandos contrarios. Rusia apoyó incondicionalmente al gobierno con el beneplácito de China y Estados Unidos, Francia y Reino Unido ayudaban a los rebeldes a resistir la ofensiva de Assad.  El ataque con armas químicas de agosto de 2013 fue el único momento donde las partes buscaron un acuerdo negociado ante la amenaza de Estados Unidos de iniciar una ofensiva. Si bien en un principio la aceptación para destruir el arsenal químico se percibió como un inicio de intento de llegar a un consenso para buscar una solución a la situación siria, pronto quedo diluido y los distintos grupos terroristas asentados en el norte del país aprovecharon la aparente sumisión de Assad a la decisión de Naciones Unidas para comenzar una ofensiva que se convertiría en incontrolable con el paso de los meses.
En agosto de 2014, Obama autorizó el lanzamiento de una operación de ataques a objetivos estratégicos controlados por el ISIS, siendo apoyados en septiembre por setenta países. Las conversaciones han versado exclusivamente sobre cómo llevar a cabo la operación.

2.    La imposibilidad de distinguir las victimas desde el aire

Desde la Revolución de Irán en 1979 los movimientos políticos violentos por parte de todos los Estados arabo-islámicos tuvieron como principal motivación de la expulsión de los extranjeros que los mantuvieron colonizados y sometidos durante décadas y así, recuperar su independencia. El éxito de la revolución incrementó las hostilidades y el rechazo hacia occidente.
En el siglo XXI la controversia del gran número de “daños colaterales” que han protagonizado la repulsa por toda la sociedad internacional desde la intervención en Afganistán en 2001 aumentó con la invasión de Irak en 2003. Argumentando que en las guerras actuales, el enemigo se mimetiza con la población civil se intenta justificar lo injustificable. La precisión de los ataques denominados quirúrgicos es tan evidentemente discutible, que el propio Obama ha reconocido que en las distintas operaciones con drones en Pakistán se han producido muchas víctimas inocentes.

3.    Desde el aire se alcanzan solo objetivos macro.

Los bordes de las carreteras de Siria, Irak y Afganistán están sembrados de minas y el uso de los artefactos explosivos improvisados (improvised explosive devices, IED’s por sus siglas en inglés) han constituido junto con los coches bomba los métodos más usados en los ataques del ISIS. De este modo el riesgo para sus integrantes es mínimo. En la toma de las distintas ciudades, la resistencia por parte de sus habitantes, del ejercito irakí o de los peshmerga han sido el único adversario que el ISIS se ha encontrado en su avance.
Ni a los explosivos, ni a los combates ,se les puede hacer frente desde el aire. Los ataques aéreos se limitan exclusivamente a posibles almacenes de armas o comboys de vehículos que puedan transportar material bélico o integrantes del ISIS. Si realmente se pretende causar el mínimo daño a la población civil es muy difícil eliminar el grueso del apoyo logístico y humano cuando se refugia principalmente en los pueblos y ciudades tomados. Una vez que el ISIS se asienta en una población y la somete, nada puede impedirles que saqueen bancos o realicen juicios sumarios y ejecuciones.
Si bien se han destruido algunos de los pozos petrolíferos que obran en poder del ISIS, para cortarles una fuente de financiación, los ataques a infraestructuras son totalmente desaconsejables. En algún momento habrá que reconstruir.

4.    Los drones han perdido “los corazones y las mentes”.

El manual de contrainsurgencia que David Petraeus ayudó a  redactar, fue puesto en práctica por el general cuando en 2007 tomó el mando de la fuerza multinacional desplegada en Irak. En él se hablaba de la necesidad de “ganarse los corazones y las mentes de la población”, para tratar de paliar la creciente insurgencia que había alcanzado las cotas más altas de violencia en la región. Durante los tres años que duró la misión de Petraeus, se ocupó fundamentalmente de escuchar a la gente, ganarse a las distintas tribus y clanes para que entendiesen la necesidad de autodefenderse de fuerzas hostiles.
Cuando en 2010 Petraeus fue destinado a Afganistán para que pusiera en práctica la estrategia utilizada en Irak todo lo conseguido se fue perdiendo poco a poco. En tres años, Irak pasó de una situación prácticamente de guerra civil, en la que la coalición militar desplegada contó casi mil bajas solo en 2007 (un cuarto de las habidas en total desde 2003 hasta la actualidad), a la relativa estabilización. El Manual de Contrainsurgencia puso de manifiesto la necesidad del factor humano que desapareció a medida que los militares se replegaban. Las bombas que combaten al ISIS desde el aire crean aún más confusión en una población civil carente de medios de información y apoyo físico cercano.

 
La principal baza del éxito del ISIS es el sometimiento de la población mediante el terror. Las únicas fuerzas que les pueden hacer frente son las de los países que están siendo invadidos y en el caso de Siria es difícil saber de qué parte está ahora cada uno de los grupos combatientes

La despersonalización que supone el uso de la fuerza aérea, más aún si se trata de drones, perfectamente distinguibles de otros aparatos aéreos, genera una sensación de desamparo en la población que podría provocar incluso el desanimo entre las tropas sobre el terreno.

 Ni los peshmerga kurdos, ni el ejército irakí pueden utilizar los medios atroces con los que el ISIS mantiene aterrorizado al mundo. La asimetría de este conflicto reside más en los modos sobre el terreno que en los combatientes.
Cuatro meses de ataques aéreos no han frenado al ISIS. La brutalidad de sus acciones publicitadas globalmente si han sido eficaces, explicando por qué existe un rechazo mayoritario al despliegue de tropas. Si el repliegue de las distintas unidades militares de todos los países estuvo en gran medida motivado por el creciente rechazo de sus sociedades de origen a ver morir compatriotas en guerras lejanas que además no perciben como legitimas, difícilmente esos mismos ciudadanos aceptarán que nuevamente sus soldados vayan a morir en un conflicto en el que no perciben la amenaza. Las acciones contra ciudadanos occidentales han tenido lugar en tierra de guerra, causan repulsa y rechazo inmenso pero no temor real.


Silvia Brasa
2014

sábado, 14 de septiembre de 2013

Leones por corderos. La crisis siria


El antiamericanismo alimentado por situaciones pasadas está más en boga que nunca después de la amenaza de una intervención armada en Siria tras el ataque con armas químicas del 21 de agosto de 2013. No falta quien una vez más proclame el inmerecimiento del premio Nobel de la Paz al actual presidente Barack Obama. El recuerdo de como Collin Powell engañó a Naciones Unidas y a toda la Sociedad Internacional para justificar la intervención en Irak está en todas las conciencias.

La realidad es que desde que se lanzó la amenaza de una intervención militar, sin ningún tipo de precisión en cuanto a táctica, medios y objetivos tras los ataques con armamento químico, los mecanismos diplomáticos se han puesto en marcha. Una amenaza de Estados Unidos con sus precedentes es tan temible como creible por mucho que no se concrete.

 En la guerra civil Siria, como en todos los conflictos, el respeto por el derecho internacional humanitario ha sido mínimo. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha tratado en varias ocasiones de llegar a alguna resolución que ayude a controlar la situación en Siria. Rusia y China han vetado un acuerdo sistemáticamente. Kofi Annan, el negociador que inicialmente envió la ONU para tratar de acercar posiciones, desistió ante el enquistamiento de las partes. Brahimi le sustituyó y hasta las actuales conversaciones en Ginebra no se había tenido noticias de que hubiera conseguido ningún tipo de avance.

Rusia, principal proveedor de armamento del régimen de Bashar Al Asaad,  manifestaba que habían sido los rebeldes quienes habían lanzado el ataque químico cuando Obama anunció que se intervendría militarmente en Siria si no se frenaba la matanza. Tras la entrada de personal de Naciones Unidas para verificar si efectivamente, el ataque con armas químicas había tenido lugar, las voces en contra de un ataque por parte de Estados Unidos y aquellos que inicialmente les apoyaban, Reino Unido y Francia, provocaron que toda la comunidad internacional comenzara a ser consciente de que había que actuar. La prensa internacional volvía a dar protagonismo a la muerte incesante de civiles sirios, que al convertirse en costumbre había dejado de interesar.

Desde ese momento parece que todo han sido sorpresas diplomáticas y no negociación e intención real de intentar por todos los medios no intervenir militarmente.

El Parlamento Británico rechazaba un apoyo militar a Estados Unidos sin el apoyo de Naciones Unidas y en Francia se promovía el debate ante la determinación de Hollande de apoyar a los norteamericanos sin reservas. Mientras, Naciones Unidas mantenía el silencio y la prudencia olvidando también la “responsabilidad de proteger” promovida tras la inacción en Ruanda o Bosnia, consciente de que “los cinco” no llegarían a un acuerdo. Si Rusia no movía ficha no había nada que hacer por la vía legal.

El tiempo pone todo en su lugar…

Y si algo necesitaba Obama era tiempo. No necesita ni el apoyo del Congreso, ni como demostró su antecesor, un mandato de la ONU para intervenir militarmente en Siria. Sin embargo, anunció que llevaría al Congreso la consulta, retrasando la fecha cuando esta iba a tener lugar y mientras su jefe diplomático, John Kerry manifestaba en rueda de prensa que cabía la posibilidad de replantearse el “inminente” ataque (llevaba semanas siendo inminente) si Siria entregaba el armamento químico que negaba poseer y que Rusia atribuía a los rebeldes. Obama, del que se esperaba una declaración de guerra en su intervención del martes 10 de septiembre de 2013, mantenía el suspense y la apertura a la vía diplomática, con la contudencia de que si está no se producía, habría ataque, presionando aún más para que se produjera algún tipo de respuesta.

Putin recogió hábilmente el testigo, izándose como promotor de un acuerdo con el gobierno sirio que aceptaría entregar el arsenal bajo el control de Naciones Unidas, siempre que el ataque no se produjera. Ayer leía sorprendida como en algunos medios se promueve ya el Nobel de la Paz para Vladimir Putin, gobernante de un país paradigma del respeto por los derechos humanos y que hasta la actualidad ha puesto todos los medios a su alcance para que se frenara la sangría siria (léase con mucha sorna y no poca tristeza). En fin… La historia tiene estos giros.

La cumbre del  G-20 se celebraba en San Petersburgo a principios de septiembre de 2013 y tenía programado un encuentro entre Putin y Obama. Este llevaba meses suspendido por la decisión del gobierno ruso a dar asilo a Edward Snowden, el joven que denunció al mundo que un programa de espionaje en el que participaba no hacía distinciones al poner sus ojos sobre los ciudadanos y que erigido en héroe mundial parecía no ser consciente, ni sus valedores, que su hazaña podía traer consecuencias diplomáticas más allá de debate sobre la privacidad de los datos personales.

En esas fechas Putin sostenía que si se probaba que Al Asaad había empleado armas químicas no descartaba el ataque para hacer valer el derecho internacional y manifestaba también que no dejaría de vender armamento a Siria. La cumbre que debería centrarse en temas económicos estuvo protagonizada por la necesidad de hacer algo en Siria.

El viernes 13 de septiembre de 2013 y antes de los resultados del equipo enviado para la verificación del empleo de armas químicas se hagan público el lunes 16, Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas, manifestaba en rueda de prensa que “Bashar Al Asaad había cometido muchos crímenes contra la humanidad” y que “el informe acerca del uso de armas químicas –que el mismo hará público- sería abrumador". Ese mismo día la prensa internacional se hacía eco de los grandes logros de la diplomacia rusa que había propiciado que Lavrov y Kerry se sentaran a negociar el fin de la masacre del mandatario sirio ante el fracaso de la política exterior estadounidense. De este modo se acepta que Bashar Al Asaad a cometido crímenes por los que ser juzgado por el tribunal de la Haya. Creo que sobra recordar quienes han sido sus mayores valedores hasta la actualidad y quienes han impedido su salida del poder.

Quedan así despejadas las dudas de si se produjo el uso de armas químicas y quién lanzó el ataque. Tras tres días de negociaciones en Ginebra, el sábado 14 de septiembre de 2013,  John Kerry y Sergey Lavrov aceptaban el documento presentado por Francia para descartar la vía militar si Al Asaad entregaba las armas pero dejando abierta la puerta a la aplicación del Capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas que autorizaría el uso de la fuerza si el Consejo de Seguridad, ahora si, lo determina.

Se ha llegado a publicar que las imágenes de niños muertos gaseados, y que iniciaron la llamada crisis Siria eran en realidad niños dormidos que trataban de engañar nuevamente al mundo como se hizo en el caso del armamento nuclear de Irak.

La población norteamericana rechazaba mayoritariamente el recurso a la solución militar que ya no se produjo cuando Siria atacó Turquía en octubre de 2012 y que sería lícito según el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Tampoco Obama autorizó el ataque a Libia cuando el embajador estadounidense en el país fue asesinado en septiembre de 2012. Ante las declaraciones bélicas de Israel, temeroso de un ataque nuclear de Irán, Estados Unidos continuó con la política de embargos acordados en Naciones Unidas. Las amenazas nucleares del mandatario norcoreano tampoco tuvieron respuesta. Un esfuerzo de imaginación sería suficiente para prever las posibles consecuencias de una intervención norteamericana en cualquiera de los casos aludidos en una región más inestable que nunca. Tal vez si cerrara Guantánamo de una vez por todas, alguien comenzaría a ver a Barack Obama con otros ojos. Los odios antiimperialistas invitan a dudarlo.

Es de justicia recordar que cuando fue elegido presidente se le trató poco menos que  como una estrella del rock internacional, siendo su presencia requerida por todos los países y organizaciones y convirtiéndose en noticia cualquier detalle nimio sobre su vida o la de su familia. El mundo en ese momento solo sabía a ciencia cierta, que Obama era el primer presidente negro de Estados Unidos y que las políticas que anunciaba diferían mucho de las de su antecesor. Quedaba todo por hacer y ya se le había encumbrado como merecedor de un premio como defensor de la paz mundial.

El mandato de Obama tiene muchas luces y muchas sombras, muchas herencias pero, eso merece otro análisis. La posición norteamericana como primera potencia mundial ante determinados acontecimientos internacionales es muy discutible pero empiezan a diluirse las dudas de que se parece muy poco a las de pasadas décadas. Los posibles intereses económicos y políticos de todas las partes pueden ser, como siempre, los promotores de la toma de decisiones que consigan que algo cambie o que, como decían los defensores de la no intervención en Siria “se sigan matando entre ellos”.

Personalmente todo el proceso de negociación ante la crisis siria, me recuerda mucho a aquella crisis de los misiles cubanos, aunque la concesión de protagonismo a Rusia ha sido mucho mayor. Poco importa quién grita más fuerte o si lo que dice hoy en nada se parece a lo dicho ayer, cuando lo que está en juego son vidas humanas o la paz mundial.
Fotografía de Rodrigo Abd, de la agencia The Associated Press, en Idib (Siria) el 10 de marzo de 2012 con el primer premio en la categoría de "Noticias generales" del certamen World Press Photo. La foto muestra a Aida llorando mientras se recupera de las graves heridas causadas durante un bombardeo por el Ejército sirio en Idib (Siria).
Silvia Brasa. 2013