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jueves, 5 de diciembre de 2013

Putin vs Obama

El 30 de octubre de 2013 la lista Forbes nombraba a Vladimir Putin como persona más poderosa del año desbancando a Barack Obama que había ostentado este título desde la creación el ranking en 2009, a excepción de 2010 en que fue superado por el presidente chino Hu Jintao.
Para elaborar la lista se tienen en cuenta principalmente cuatro factores: número de personas sobre las que se ejerce el liderazgo, recursos financieros que controla, las múltiples esferas en las que el candidato es poderoso y la utilización activa de su poder.
La revista Forbes ese mismo día se cuestionaba en un artículo si verdaderamente Putin era más poderoso que Obama aclarando que no se ponía en duda el poder de Estados Unidos como nación si no a su presidente.
Putin y Obama son dos líderes mundiales que representan sin ningún género de duda el cambio en las relaciones internacionales y en sus propios países. La comparación resulta tan curiosa como interesante.
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¿Quién es quién?

Vladimir Putin nació en Leningrado hace 62 años. Fue nombrado por Boris Yeltsin tras la desintegración de la URSS como presidente interino en 1998 tras un meteórico ascenso al poder y elegido presidente de la Federación Rusa de 2000 a 2004, revalidando ese año su cargo hasta 2008. Sucedido por su vicepresidente Dimitri Medvedev, continúo como Primer Ministro hasta que en 2012 fue nuevamente elegido presidente.
Es calificado como un hombre frío, de trato difícil; son conocidas sus durísimas declaraciones especialmente por su gestión en el hundimiento del submarino Kursk, la crisis de rehenes del Teatro Dubrovka y su forma de resolución de los conflictos con Chechenia y Georgia en su primer mandato. Hace oídos sordos en lo que se refiere a las críticas recibidas por su falta de respeto por los derechos humanos y hasta el momento ha hecho piña con China en las decisiones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Barack Obama nació en Honolulu. Tiene 52 años y lleva ejerciendo cargos políticos desde 1997. Fue senador por Illinois y el quinto senador afroamericano de Estados Unidos de 2005 a 2008, año en que fue elegido por el partido demócrata como candidato a la presidencia. El 4 de noviembre de 2008 Barack Obama se convirtió en el primer presidente negro de Estados Unidos. Al finalizar la legislatura fue reelegido en 2012 coincidiendo así con Putin en la presidencia de sus respectivos países.
Sus dotes comunicativas y su simpatía le convirtieron tras su primera elección, en el líder más solicitado por todos los países del mundo, ya que representaba el cambio hacia el fin el belicismo de la etapa Bush pero, esto revirtió en duras críticas en su país que le tachan de débil por haberse mantenido en un segundo plano en política internacional en conflictos como el de Libia o por su falta de determinación ante el Congreso liderado por la oposición republicana para llevar a cabo su programa electoral de carácter más social que el de su antecesor.
Lo único que parecen tener en común es que ambos estudiaron derecho y proceden de familias humildes

2012. Juntos pero no revueltos

Una de las propuestas más atractivas de Obama en su programa electoral fue el inicio de la Política de Reset con Rusia para promover un acercamiento que finalizara con las relaciones heredadas de la Guerra Fría y conseguir un nuevo compromiso de desarme nuclear de ambas potencias. De este modo se cumplían las continuas solicitudes de Rusia de ser tratada de igual a igual por Estados Unidos. Con Medvedev a cargo de la presidencia y a pesar de que se le consideró por la comunidad internacional y por su propio país, como un títere de Putin, las relaciones se descongelaron y se produjeron importantes acuerdos en materia de seguridad y defensa que tuvieron como punto culminante la firma del START III (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas por sus siglas en inglés) que equilibraba estratégicamente a ambas superpotencias.
El 1 de mayo de 2011, Osama Bin Laden, el hombre más buscado el mundo y líder de Al Qaeda, era asesinado en Pakistán en una operación militar acallando las voces de los que tachaban de blando al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, aumentando su popularidad en once puntos tras el anuncio de la captura, aunque seis de cada diez estadounidenses se mostraban preocupados por las posibles represalias.
En 2012, el principal punto de controversia en la agenda internacional mundial era la guerra civil en Siria. Las potencias occidentales apoyaban a los rebeldes sirios que quieren apartar al presidente Al-Asad del poder, mientras que Rusia y China vetaban sistemáticamente cualquier resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que diera vía libre a una intervención que acabara con la masacre de civiles sirios.
Aunque tanto Estados Unidos como Rusia son países en liza permanente por el liderazgo mundial desde mediados del siglo XX y su visión de nación y patriotismo está protagonizado a menudo por la retórica de confrontación y lucha por la supremacía, la manera de entender la democracia es muy diferente. Estados Unidos por su propio sistema político está al servicio de las instituciones y la legalidad instaurada desde su creación en 1776  para fortalecerse internamente. Su política exterior se ha basado históricamente en mostrar su hegemonía a través de la superioridad de medios para ejercer su poder con o sin consenso internacional buscando congratularse con países a los que convertir en aliados, algo que se ha visto reforzado en las dos ocasiones en las que Europa reclamó su ayuda para resolver sendas Guerras Mundiales iniciadas en el viejo continente y en los posteriores conflictos que han tenido lugar en otros puntos el planeta y que afectaban a intereses propios o ajenos.
Rusia sin embargo, tras la desintegración de la URSS y la caída del sistema comunista tiene una visión de la democracia que se basa más en la estatalización del sistema político, se sirven del gobierno para manejar las instituciones y fortalecer el Estado en un ejercicio de retroalimentación que le devuelva la fortaleza que tuvo como país durante la Guerra Fría. Así, las leyes han sido modificadas a lo largo de los últimos veinte años atendiendo tanto a la apertura a la ciudadanía hacia la participación política, como para mantener privilegios por parte de la cúpula dirigente que no ha variado más de lo que inicialmente Yeltsin y luego Putin ha permitido.  Putin fue reelegido en 2012 tras una modificación legislativa que derogaba la imposibilidad de que se presentara nuevamente como candidato. En Chechenia obtuvo un más que dudoso 99, 97% de los votos emitidos y la OSCE denuncio graves irregularidades en el recuento de votos en todo el país. Su política exterior se ha basado desde el nacimiento de la nueva Rusia democrática, en recuperar su liderazgo, aprovechar su supremacía como país dueño de las mayores reservas energéticas el mundo, así como la procura de la confianza de la comunidad internacional. Hoy las relaciones entre Rusia y Estados Unidos son mucho más fluídas que entre Rusia y la Unión Europea.

Apostando por la paz

En octubre de 2009 y cuando aun no hacia ni un año que Obama había sido elegido presidente de los Estados Unidos por primera vez, el Comité de los Premios Nobel anunciaba que se le otorgaba el Premio Nobel de la Paz «por sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos» destacándose por su «visión de un mundo sin armas nucleares». El galardón estuvo rodeado de grandes debates que mostraban su desacuerdo por la falta de merecimiento de dicho premio que parecía más un impulso para que el presidente llevara realmente a cabo una política internacional que tendiese hacia el acuerdo y menos al recurso de las armas y una invitación a las negociaciones que acabaran con los problemas en Oriente Medio así como el conflicto Palestino-Israelí.
En 2013 Putin fue propuesto como Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para conseguir un arreglo pacífico el conflicto sirio.
Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos que pasaron por difíciles momentos cuando Edward Snowden, exempleado de la CIA y de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional por sus siglas en inglés) reveló la existencia de programas de vigilancia indiscriminada por parte de los Estados Unidos, haciendo públicos documentos clasificados como de alto secreto y provocando un conflicto diplomático de escala planetaria. Snowden fue a refugiarse a Moscú en julio de 2013 donde finalmente Putin le dio asilo temporal de un año aunque inicialmente trataron de deshacerse de él.
La cumbre el G-20 que tuvo lugar en la capital rusa a principios de septiembre de 2013 estaba marcada por el caso Snowden y la amenaza de Estados Unidos de utilizar la fuerza tras los ataques con armas químicas que Al-Asad perpetró a finales de agosto del mismo año. A partir de entonces parece haberse iniciado la reconversión de Putin en pacificador y protagonista de las resoluciones de todos los conflictos mundiales paralelo al desprecio de las acciones iniciadas por Obama que se retira a un segundo plano cuando los acuerdos están en marcha.
Manifestando en repetidas ocasiones tras los ataques químicos del régimen sirio que seguiría apoyando a Al-Asad y vendiéndole armamento, Putin recogió hábilmente el testigo cuando el jefe de la diplomacia americana John Kerry, dijo en rueda de prensa que cabía la posibilidad de una reconsideración del uso de la fuerza por parte de Estados Unidos si el gobierno sirio permitía la entrada de miembros de Naciones Unidas que investigaran el ataque y la puesta en manos de la comunidad internacional de su arsenal químico para su destrucción. Putin tardó horas en anunciar que Al-Asad se mostraba de acuerdo con la negociación. Las reuniones en Ginebra de septiembre de 2013 entre los dos jefes de exteriores de Rusia y Estados Unidos, Lavrov y Kerry, sirvieron para cerrar el acuerdo y así dar vía libre al Consejo de Seguridad para destruir el armamento químico y condenar a Al-Asad por su uso. Obama había marcado como línea roja el empleo de este tipo de armamento como fin de la inacción de la comunidad internacional en el conflicto sirio que alcanza cotas de desastre humanitario más que alarmantes y Putin se dio cuenta de como podía cambiar su imagen exterior de la noche a la mañana aceptando el órdago.
Otra línea roja fue la que dibujo sobre una suerte de bomba marca ACME Benjamin Netanyahu, presidente de Israel, escenificando en la Asamblea de Naciones Unidas de septiembre de 2012 la alerta sobre las pretensiones nucleares bélicas de Irán. Esta misma semana y tras mas de una  década de negociaciones infructuosas y durísimas sanciones económicas y comerciales de Naciones Unidas y la Unión Europea sobre Irán, se llegaba un acuerdo por parte de los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia) y Alemania, el llamado 5+1, la Unión Europea y el régimen de los Ayatolas. Es inexplicable que habiendo tantos actores en el escenario de la negociación, nuevamente Putin se haya erigido en valedor de la resolución exitosa.
Putin sabe que ser aliado de Estados Unidos no da votos, sin embargo también es consciente de lo que puede suponer cambiar la retórica antioccidental por el liderazgo mundial, aunque siga sin atender los reclamos de su población que sigue manteniendo su nivel de subsistencia por encima el salario mínimo y la pensión media entre otros muchos males. Hasta 2016 no se enfrentara a unas nuevas elecciones en Rusia en donde queda mucho por hacer. Mientras tanto Estados Unidos sigue protagonizando los inicios de conversaciones que están haciendo cambiar situaciones muy enquistadas en la diplomacia mundial. Obama, al que le quedan tres años de mandato no renovable y mucho por hacer en política interior, tal vez vea reconocidos sus logros en el exterior en el futuro a pesar de su supuesta debilidad.
Mientras tanto es esperanzador ver como la disputa por el titulo de hombres mas poderosos del mundo entre los mandatarios de las dos superpotencias que durante décadas han recurrido a la disuasión del recurso de la fuerza con escaladas que amenazaban a la humanidad se decide hoy con la lucha por la consecución de la paz.

Silvia Brasa. 2013

sábado, 14 de septiembre de 2013

Leones por corderos. La crisis siria


El antiamericanismo alimentado por situaciones pasadas está más en boga que nunca después de la amenaza de una intervención armada en Siria tras el ataque con armas químicas del 21 de agosto de 2013. No falta quien una vez más proclame el inmerecimiento del premio Nobel de la Paz al actual presidente Barack Obama. El recuerdo de como Collin Powell engañó a Naciones Unidas y a toda la Sociedad Internacional para justificar la intervención en Irak está en todas las conciencias.

La realidad es que desde que se lanzó la amenaza de una intervención militar, sin ningún tipo de precisión en cuanto a táctica, medios y objetivos tras los ataques con armamento químico, los mecanismos diplomáticos se han puesto en marcha. Una amenaza de Estados Unidos con sus precedentes es tan temible como creible por mucho que no se concrete.

 En la guerra civil Siria, como en todos los conflictos, el respeto por el derecho internacional humanitario ha sido mínimo. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha tratado en varias ocasiones de llegar a alguna resolución que ayude a controlar la situación en Siria. Rusia y China han vetado un acuerdo sistemáticamente. Kofi Annan, el negociador que inicialmente envió la ONU para tratar de acercar posiciones, desistió ante el enquistamiento de las partes. Brahimi le sustituyó y hasta las actuales conversaciones en Ginebra no se había tenido noticias de que hubiera conseguido ningún tipo de avance.

Rusia, principal proveedor de armamento del régimen de Bashar Al Asaad,  manifestaba que habían sido los rebeldes quienes habían lanzado el ataque químico cuando Obama anunció que se intervendría militarmente en Siria si no se frenaba la matanza. Tras la entrada de personal de Naciones Unidas para verificar si efectivamente, el ataque con armas químicas había tenido lugar, las voces en contra de un ataque por parte de Estados Unidos y aquellos que inicialmente les apoyaban, Reino Unido y Francia, provocaron que toda la comunidad internacional comenzara a ser consciente de que había que actuar. La prensa internacional volvía a dar protagonismo a la muerte incesante de civiles sirios, que al convertirse en costumbre había dejado de interesar.

Desde ese momento parece que todo han sido sorpresas diplomáticas y no negociación e intención real de intentar por todos los medios no intervenir militarmente.

El Parlamento Británico rechazaba un apoyo militar a Estados Unidos sin el apoyo de Naciones Unidas y en Francia se promovía el debate ante la determinación de Hollande de apoyar a los norteamericanos sin reservas. Mientras, Naciones Unidas mantenía el silencio y la prudencia olvidando también la “responsabilidad de proteger” promovida tras la inacción en Ruanda o Bosnia, consciente de que “los cinco” no llegarían a un acuerdo. Si Rusia no movía ficha no había nada que hacer por la vía legal.

El tiempo pone todo en su lugar…

Y si algo necesitaba Obama era tiempo. No necesita ni el apoyo del Congreso, ni como demostró su antecesor, un mandato de la ONU para intervenir militarmente en Siria. Sin embargo, anunció que llevaría al Congreso la consulta, retrasando la fecha cuando esta iba a tener lugar y mientras su jefe diplomático, John Kerry manifestaba en rueda de prensa que cabía la posibilidad de replantearse el “inminente” ataque (llevaba semanas siendo inminente) si Siria entregaba el armamento químico que negaba poseer y que Rusia atribuía a los rebeldes. Obama, del que se esperaba una declaración de guerra en su intervención del martes 10 de septiembre de 2013, mantenía el suspense y la apertura a la vía diplomática, con la contudencia de que si está no se producía, habría ataque, presionando aún más para que se produjera algún tipo de respuesta.

Putin recogió hábilmente el testigo, izándose como promotor de un acuerdo con el gobierno sirio que aceptaría entregar el arsenal bajo el control de Naciones Unidas, siempre que el ataque no se produjera. Ayer leía sorprendida como en algunos medios se promueve ya el Nobel de la Paz para Vladimir Putin, gobernante de un país paradigma del respeto por los derechos humanos y que hasta la actualidad ha puesto todos los medios a su alcance para que se frenara la sangría siria (léase con mucha sorna y no poca tristeza). En fin… La historia tiene estos giros.

La cumbre del  G-20 se celebraba en San Petersburgo a principios de septiembre de 2013 y tenía programado un encuentro entre Putin y Obama. Este llevaba meses suspendido por la decisión del gobierno ruso a dar asilo a Edward Snowden, el joven que denunció al mundo que un programa de espionaje en el que participaba no hacía distinciones al poner sus ojos sobre los ciudadanos y que erigido en héroe mundial parecía no ser consciente, ni sus valedores, que su hazaña podía traer consecuencias diplomáticas más allá de debate sobre la privacidad de los datos personales.

En esas fechas Putin sostenía que si se probaba que Al Asaad había empleado armas químicas no descartaba el ataque para hacer valer el derecho internacional y manifestaba también que no dejaría de vender armamento a Siria. La cumbre que debería centrarse en temas económicos estuvo protagonizada por la necesidad de hacer algo en Siria.

El viernes 13 de septiembre de 2013 y antes de los resultados del equipo enviado para la verificación del empleo de armas químicas se hagan público el lunes 16, Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas, manifestaba en rueda de prensa que “Bashar Al Asaad había cometido muchos crímenes contra la humanidad” y que “el informe acerca del uso de armas químicas –que el mismo hará público- sería abrumador". Ese mismo día la prensa internacional se hacía eco de los grandes logros de la diplomacia rusa que había propiciado que Lavrov y Kerry se sentaran a negociar el fin de la masacre del mandatario sirio ante el fracaso de la política exterior estadounidense. De este modo se acepta que Bashar Al Asaad a cometido crímenes por los que ser juzgado por el tribunal de la Haya. Creo que sobra recordar quienes han sido sus mayores valedores hasta la actualidad y quienes han impedido su salida del poder.

Quedan así despejadas las dudas de si se produjo el uso de armas químicas y quién lanzó el ataque. Tras tres días de negociaciones en Ginebra, el sábado 14 de septiembre de 2013,  John Kerry y Sergey Lavrov aceptaban el documento presentado por Francia para descartar la vía militar si Al Asaad entregaba las armas pero dejando abierta la puerta a la aplicación del Capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas que autorizaría el uso de la fuerza si el Consejo de Seguridad, ahora si, lo determina.

Se ha llegado a publicar que las imágenes de niños muertos gaseados, y que iniciaron la llamada crisis Siria eran en realidad niños dormidos que trataban de engañar nuevamente al mundo como se hizo en el caso del armamento nuclear de Irak.

La población norteamericana rechazaba mayoritariamente el recurso a la solución militar que ya no se produjo cuando Siria atacó Turquía en octubre de 2012 y que sería lícito según el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Tampoco Obama autorizó el ataque a Libia cuando el embajador estadounidense en el país fue asesinado en septiembre de 2012. Ante las declaraciones bélicas de Israel, temeroso de un ataque nuclear de Irán, Estados Unidos continuó con la política de embargos acordados en Naciones Unidas. Las amenazas nucleares del mandatario norcoreano tampoco tuvieron respuesta. Un esfuerzo de imaginación sería suficiente para prever las posibles consecuencias de una intervención norteamericana en cualquiera de los casos aludidos en una región más inestable que nunca. Tal vez si cerrara Guantánamo de una vez por todas, alguien comenzaría a ver a Barack Obama con otros ojos. Los odios antiimperialistas invitan a dudarlo.

Es de justicia recordar que cuando fue elegido presidente se le trató poco menos que  como una estrella del rock internacional, siendo su presencia requerida por todos los países y organizaciones y convirtiéndose en noticia cualquier detalle nimio sobre su vida o la de su familia. El mundo en ese momento solo sabía a ciencia cierta, que Obama era el primer presidente negro de Estados Unidos y que las políticas que anunciaba diferían mucho de las de su antecesor. Quedaba todo por hacer y ya se le había encumbrado como merecedor de un premio como defensor de la paz mundial.

El mandato de Obama tiene muchas luces y muchas sombras, muchas herencias pero, eso merece otro análisis. La posición norteamericana como primera potencia mundial ante determinados acontecimientos internacionales es muy discutible pero empiezan a diluirse las dudas de que se parece muy poco a las de pasadas décadas. Los posibles intereses económicos y políticos de todas las partes pueden ser, como siempre, los promotores de la toma de decisiones que consigan que algo cambie o que, como decían los defensores de la no intervención en Siria “se sigan matando entre ellos”.

Personalmente todo el proceso de negociación ante la crisis siria, me recuerda mucho a aquella crisis de los misiles cubanos, aunque la concesión de protagonismo a Rusia ha sido mucho mayor. Poco importa quién grita más fuerte o si lo que dice hoy en nada se parece a lo dicho ayer, cuando lo que está en juego son vidas humanas o la paz mundial.
Fotografía de Rodrigo Abd, de la agencia The Associated Press, en Idib (Siria) el 10 de marzo de 2012 con el primer premio en la categoría de "Noticias generales" del certamen World Press Photo. La foto muestra a Aida llorando mientras se recupera de las graves heridas causadas durante un bombardeo por el Ejército sirio en Idib (Siria).
Silvia Brasa. 2013