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sábado, 5 de septiembre de 2015

Y de repente Aylan...


El pasado jueves 3 de septiembre, un cuerpecito menudo en una playa dejaba sin aliento a todo el planeta. Mojado pero, bien vestido y alimentado, con sus pequeños zapatitos, era observado por quienes tantas veces torcemos la mirada a la realidad con el ilusorio convencimiento de que no estaba muerto sino dormidito.

Me hizo recordar a todos aquellos niños que también parecían dormidos en agosto de 2013 en Siria, tras un ataque químico nocturno.

Me hizo pensar en tantos otros niños, ancianos y personas adultas que se juegan la vida a diario a causa de la guerra. 

Me hizo sentir una rabia inmensa por formar parte de una Unión Europea galardonada con el Nobel de la Paz, que levanta vallas para no dejar pasar a quienes jugándose la vida huyen de esas guerras. 

Me hizo sentir asco al recordar que el día anterior había escuchado dar la cifra de 2.739 refugiados que el presidente español, Mariano Rajoy, estaba dispuesto a recibir para "cumplir escrupulosamente con el acuerdo y la propuesta de Bruselas". El refugiado 2.740 podría ser un niño de tres años muerto en una playa de Turquía pero, el miércoles nadie conocía a Aylan, ni pensaba en ningún otro niño.

Mientras Rajoy paseaba apaciblemente con Angela Merkel por el campo alemán, miles de personas deambulaban por las carreteras del este de Europa huyendo de la barbarie. Los escrúpulos parecen quedarse a un lado desde que los medios, tras mucho debate, por no herir la sensibilidad ciudadana o por no dar a conocer la magnitud de la crisis humanitaria que ha llamado a las puertas de Europa, decidían mostrar o no la imagen de un pequeño de tres años muerto en  una playa de Turquía. Dar nombre e identidad a un niño, parece haber promovido que las conciencias empiecen a barajar la idea de que todas esas personas que huyen de la guerra, tal vez también tengan nombre y sean dignas de no morir en ninguna playa.

Mientras los países miembros de la UE intentaban escurrir un bulto que hasta ahora llamaban "inmigrantes" y que se han convertido en refugiados por obra y gracia de empezar a cruzar por tierra, aunque continúen traspasando y muriendo en el mar, seguía pensando donde demonios está Naciones Unidas.

En abril de 2015, Samantha Power la embajadora ante Naciones Unidas de Estados Unidos presentaba un video ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas en el que aparecían niños asfixiándose a causa de un ataque químico en la región siria de Idleb que conmovió hasta las lágrimas a todos los presentes. De esto apenas se hizo eco ningún medio de comunicación. De que ni Naciones Unidas ni nadie hizo nada, tampoco.

El derecho internacional humanitario ampara a los refugiados, Naciones Unidas tiene que velar por los derechos humanos, la Unión Europea presume de ser una consorcio de países sin fronteras con voluntad de acoger y ayudar a sus ciudadanos y aquellos que lo precisen... en la teoría... en la práctica, nunca podré olvidar a Aylan y la impotencia y el asco que siento por haber nacido en el lugar correcto y ver como nadie quiere realmente hacer nada por quienes nacen en un lugar hostil y quieren vivir pero, vienen a morir a un lugar que para ellos no es el correcto.

Silvia Brasa 
2015


domingo, 9 de marzo de 2014

Antianálisis de la invasión de Ucrania.

Arcángel Miguel en Maidan, patrón de Kiev
Lamento desilusionar a aquellos que me habeis pedido un análisis sobre la situación geopolítica de Ucrania con motivo de la invasión rusa. Cada vez que la palabra "experta" planea sobre quien escribe, aparece el borde de una madriguera en la que puede intuirse paredes decoradas de enormes agujeros de carencias de conocimientos. Mientras siento la tentación de arrojarme hacia una caída sin fin, leo incansablemente análisis, historias, predicciones que no hacen más que aumentar la confusión respecto a lo que está ocurriendo en ese inmenso país. Por fin he sucumbido a la tentación de perseguir al conejo y abandonar la lectura. Mientras me hago pequeñita tras probar el líquido de la botella que ponía "Bébeme", descubro otra palabra en la etiqueta que no había leído antes de tomarme la poción...

Obsesión

El comienzo del prometedor siglo XXI ha estado caracterizado por la necesidad de ordenar el mundo. Cada vez que algo lo descoloca parece inevitable situar todos los acontecimientos en un lugar adecuado. Tras las pruebas de ordenamiento fallidas de la primera década, motivadas por el omnipresente 11S, se ha pasado a un "Neonuevo Orden Mundial", caracterizado por un softpower impuesto por la obsesión de ignorar que no todo el mundo desea la paz o se vale de medios de negociación pacíficos para resolver sus conflictos. De este modo, con la hábil promoción de Reino Unido de Catherine Ashton para que inutilizara lo máximo posible la política exterior y de seguridad de la Unión Europea, se ha ido abandonando paulatinamente el cuidado de las relaciones diplomáticas con los países vecinos. El hecho de que los conflictos se resuelvan solos por obra y gracia de la inacción, parece dogma de fe en la Comunidad Internacional. Rusia además, cuenta con la capacidad de quienes se enfadan primero y y con más fuerza para que aquellos que evitan el enfrentamiento, agachen la cabeza y aguanten el chaparrón con tal de no crear más polémica.
Los ucranianos a pesar de todo, llevan años queriendo acercarse a la Unión Europea con la esperanza de ser un poco más libres del yugo ruso, que tras más de veinte años de independencia después de la caída de la Unión Soviética, sigue siendo un lastre para la evolución del país. Ucrania nunca ha tenido verdadera conciencia de que era el "tesoro de Rusia", especialmente por su posición geográfica, ya que sus líderes han estado siempre manipulados y subordinados al gobierno de Moscú. La alternativa europea tampoco ha sabido conquistar a los eslavos por la falta de un verdadero reconocimiento de ciudadanos de pleno derecho en cualquier parte de la Unión. El Acuerdo de Schengen no solo excluye a Ucrania de iure en cuanto a una circulación de sus ciudadanos más cómoda por los países vecinos, sino que además promueve que se les trate burocráticamente como a los ciudadanos rusos que viajan o establecen su residencia en Europa. La mayoría de estas personas puede contar rocambolescas historias de cuanto han padecido para obtener visados, cruzar una frontera, solicitar residencia o nacionalidad y el trato discriminatorio que sufren cada vez que tienen que dar cuenta de su procedencia y las razones que le han llevado a buscarse la vida fuera de sus países a las autoridades de cualquier país europeo. A pesar de ello o precisamente para que esto dejara de suceder, en 2004 se iniciaron una serie de movilizaciones que se conocen como la Revolución Naranja y que denunciaban el fraude electoral que había conducido al poder a Viktor Yanukovich, íntimamente ligado a los dictámenes de la Duma, y que apartaba, ya que el veneno no pudo hacerlo, a su rival Viktor Yushchenko, lider socialista prooccidental.


Pasos para ordenar el mundo. 

Primero: clasificar.

Todas la noticias derivadas del estallido violento de las manifestaciones en Kiev de los últimos meses, parecen adolecer de una necesidad compulsiva de etiquetar los hechos y a sus protagonistas.
Diez motivos de la revolución ucraniana, cinco claves de la invasión rusa, veinte razones por las que ha estallado el conflicto... La necesidad de encontrar razones para la siempre sinrazón que supone el recurso a la violencia, da rienda suelta a quienes titulan sus artículos aportando realmente poco respecto de la realidad ucraniana. Personalmente me resulta de un atrevimiento obsceno valorar  que ha impulsado a un país a llegar al borde de una guerra civil, sin haber vivido en él durante los últimos veinte años y sin poder sentir en carne propia el ver que mientras el resto del mundo evoluciona en todos los aspectos, uno de los territorios más ricos del planeta permanece congelado y condenado al sometimiento de la "Madre Patria" a quien un día no le quedó más remedio que dejarle abandonar el nido pero que no suelta amarras. Rusia ha educado a Ucrania para sentirse permanentemente dependiente de quien dice ser su valedora, cuando en realidad es el gigante ruso quien tiene verdadera necesidad de Ucrania. Pero si de algo han sido expertos todos los líderes del Kremlim es de saber utilizar la propaganda y el terror para que a ninguno de sus imprescindibles satélites se les ocurra salir de la órbita.

Segundo: etiquetar a la población en conflicto

Los manifestantes de la Plaza de la Independencia en Kiev, la Maidan Nezalezhnosti, ya no visten de naranja. Desde el comienzo de las movilizaciones en noviembre de 2013, tras la decisión gubernamental de no firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea, las banderas azules con las doce estrellas doradas, las caras tapadas con mascaras y los cascos de obra pintados de colores han sido los principales distintivos. 
Mientras Rusia se esfuerza por calificar a los manifestantes como ultraderechistas, radicales, violentos, terroristas, pagados por occidente y católicos (¡¡¡¿¿¿???!!!), los analistas occidentales se pierden en tratar de distinguir bandos. La necesidad de etiquetar a buenos y malos, distinguir entre lo blanco y lo negro sin contemplar la posibilidad de un espectro incontable de colores, pretende dar solución al problema. En un mundo globalizado solo para algunas cosas, la diversidad se ve mas como fuente de conflicto que como modo de enriquecimiento social y se fomenta la necesidad de dar explicaciones de los motivos de disputa desde la absurda creencia de que lo diferente, si hablamos de personas, no se puede mezclar. 
La realidad es que en Ucrania, territorio de historia tan antigua como compleja, las guerras han dejado una diversidad social como no se conoce en ningún país de Europa. Sus casi 45 millones de habitantes hablan múltiples dialectos además del ucraniano y el ruso impuesto por la URSS a fuerza de hambrunas (Holodomor fue de una magnitud semejante al Holocausto Judio pertrechado por los nazis, por más que la historia parezca querer ignorarlo), pertenecen a más de una decena de etnias, y practican tres religiones con distintas peculiaridades que aumentan las variantes. 
Sin embargo, es mucho mas sencillo decir que la mayoría tiene razón y son los buenos y las múltiples minorías por el hecho de serlo no la tienen y  son los malos. O viceversa según el ángulo desde el que se mire.

Tercero: identificar protagonistas (antiguamente conocidos como líderes).


En Europa desde la crisis económica que ha azotado a todo el planeta, la voz que parece dominar y liderar la UE ha sido la de la Canciller Merkel. Ese ejercicio de liderazgo tan demode se ha visto empañado por seguir pagando por un pasado del que solo fueron responsables sus protagonistas y que les persigue ayende las décadas. Otro de los términos que más se ha utilizado para titular el actual problema ucraniano es el de "Guerra Fría". Para Merkel calificar la posible situación prebélica como "Fría" adquiere un significado literal. Un tubo denominado conducto North Stream surte de gas a Alemania y a la mayoría de los países del este de Europa. El 25% del petroleo que consumen los germanos procede de Rusia. Los precedentes de Putin en cuanto a como "enfriar" sus relaciones con la propia Ucrania o Georgia invitan a preocuparse por la posibilidad de que pueda cerrar la llave. La mandataria alemana no ha podido permitirse la incapacidad de Lady Ashton y desde el primer momento en que Rusia decidio tomar parte activa en la situación política ucraniana trató de buscar una solución junto con Obama al conflicto.
Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, que pese a quien pese sigue siendo la potencia número uno, acomete una vez más el papel de jefe de facto de Naciones Unidas ante la pusilanimidad de Ban Ki Moon. Cada vez que surge un conflicto en cualquier punto del globo y Obama hace unas declaraciones, estas son etiquetadas de amenaza y es que la herencia de su antecesor ha sido una "yankifobia" absurda que cargará en sus espaldas, hasta el fin de sus días como presidente, por más que no haya llevado a cabo ningún tipo de intervención de carácter ofensivo desde 2008 que inició su mandato. Contrariamente a lo que dicen los titulares, emprendió la prometida política de puesta a cero con Rusia, liderada por entonces por Medvedev, viendo ahora como Putin manifiesta su voluntad, ya que Putin, inexplicablemente "no amenaza", de romper incluso los tratados sobre armas nucleares que Obama promovió.
El protestado a muchos grados bajo cero por toda Rusia nuevo nombramiento de Vladimir Putin en 2012 llegó a ser incluso aplaudido en los últimos meses de 2013.
Ignorando ínfimos detalles sin importancia como un cambio en la Constitución Rusa para perpetuarse en el poder, la libre interpretación de los derechos humanos por la que se puede perseguir y asesinar impunemente a quienes se manifiesten contra el gobierno o tengan una tendencia sexual determinada, la financiación de la mayoría de los medios de comunicación para que informen convenientemente a la población cada vez mas pobre de las bondades de sus mandatarios cada vez más ricos y corruptos y alguna que otra nimiedad más como el veto sistemático en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para acabar con la barbarie en Siria, Vladimir Putin ha llegado a ser promovido como Premio Nobel de la Paz y sus actuaciones veneradas por la Comunidad Internacional.
Antes de la huida del legitimo ganador de las elecciones a la Rada ucraniana, cuyos comicios han estado caracterizados por su transparencia y ausencia de manipulación, ya advertía Putin ante la UE que no admitiría intervención alguna en Ucrania, del mismo modo que él cometería una injerencia en la soberanía de cualquier país de la Unión si decidía intervenir en los asuntos de cualquiera de los Veintiocho. Si algo a caracterizado la política exterior de Putin ha sido su defensa de la independencia de la soberanía de los Estados. De este modo, y como viene siendo habitual una vez al año, un jueves se iniciaban unos ejercicios militares en todo el territorio ruso y el sábado casualmente, hombres con uniformes militares sin distintivos en su indumentaria portando armas y banderas rusas, en vehículos militares de matrícula rusa, atraviesan la frontera ruso-ucraniana y se instalan en puntos estrategicos del país encañonado a los militares foráneos. 
(Quien todavía no haya percibido la ironia, por favor relea el parrafo con toda la que le sea posible).
Por más que cualquier tipo de norma sea interpretable, por más que la distinción entre combatientes este perfectamente legislada en derecho internacional y derecho humanitario, el sentido común  no deja margen para la duda, ¿o si?.
Putin, escudándose en que los americanos y por extensión el mundo occidental, han reinterpretado a su antojo el ordenamiento mundial, y han intervenido para supuestamente llevar la democracia y la paz a terceros países, fueran cuales fueren las causas, siempre injustificables y reprobables, eso sí, se veía en la obligación de defender a los rusoparlantes de Ucrania, esa segunda y tercera generación surgida gracias a una dieta milagrosa a base de pan y agua que llevó a la muerte a unos diez millones de personas. Vladimir Putin no amenaza, defiende sus intereses justificados en razones históricas, políticas, geográficas y defensivas ya que la amenaza de Occidente está siempre presente. (Ruego un poco más de ironía a la lectura de estas últimas frases si cabe mordaz en grado extremo).

Por más que haya utilizado la ironía en párrafos anteriores me niego rotundamente a caer en la falta de verguenza de hacer una posible comparación de lo que puede ocurrir en algunas regiones de Ucrania, como Crimea, con otras pretensiones de reordenamiento político-territorial de otras en Europa. Puestos a comparar no pierdo la esperanza de que en algún momento alguien se de cuenta de la estupidez de intentar mezclar agua y aceite

Cuarto: solucionar el conflicto

Los deseos de paz de la Comunidad Internacional, han llevado a una tensa espera en la que todos imploran en silencio que Putin salga del embrollo en el que se ha metido al invadir un país independiente. Rusia, uno de los cinco con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, apoyado además por China, tiene vía libre para deshacer el entuerto o complicar aún más la situación. 
Mientras, el llamado bloque occidental tan criticado por su supuesto despotismo, tiene que contemplar inmóvil, que decide Rusia ya que está atada de pies y manos no solo diplomáticamente sino también socialmente. El conflicto ucraniano, ha dejado patente hasta que punto se ha educado en el pacifismo a la sociedad actual que desprecia a sus líderes, tan criticados por no ejercer un verdadero liderazgo y cuando se tienen que poner el traje de mandar, ya no pueden ni saben liderar nada porque así se les ha pedido. La sombra de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, tampoco parece motivo para que el malentendido pacifismo comience a llamar a las cosas por su nombre y se admita que existe un auténtico problema en las relaciones internacionales actuales. 


Ocurra lo que ocurra, ruego sinceramente se me disculpe la incapacidad de realizar un análisis en la línea habitual del blog. Como ser humano corriente, que lee la prensa e intenta entender que ocurre alrededor, no puedo dejar de pensar en esos 45 millones de personas de un bellísimo territorio llamado Ucrania, tan cerca del que yo habito que tienen que asistir atemorizados al terrible espectáculo de verse una vez más "decidiendo" a base de miedo que va a ser de sus vidas, mientras los buenos hacen de buenos y los malos han conseguido convencer al mundo de que son más buenos incluso que estos.

No hay más ciego que aquel que no quiere ver y las obsesiones traen por defecto unas anteojeras que impiden mirar hacia atrás para poder avanzar teniendo en cuenta caminos distintos a los que se nos obliga a mirar.

Silvia Brasa. 2014






sábado, 14 de septiembre de 2013

Leones por corderos. La crisis siria


El antiamericanismo alimentado por situaciones pasadas está más en boga que nunca después de la amenaza de una intervención armada en Siria tras el ataque con armas químicas del 21 de agosto de 2013. No falta quien una vez más proclame el inmerecimiento del premio Nobel de la Paz al actual presidente Barack Obama. El recuerdo de como Collin Powell engañó a Naciones Unidas y a toda la Sociedad Internacional para justificar la intervención en Irak está en todas las conciencias.

La realidad es que desde que se lanzó la amenaza de una intervención militar, sin ningún tipo de precisión en cuanto a táctica, medios y objetivos tras los ataques con armamento químico, los mecanismos diplomáticos se han puesto en marcha. Una amenaza de Estados Unidos con sus precedentes es tan temible como creible por mucho que no se concrete.

 En la guerra civil Siria, como en todos los conflictos, el respeto por el derecho internacional humanitario ha sido mínimo. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas ha tratado en varias ocasiones de llegar a alguna resolución que ayude a controlar la situación en Siria. Rusia y China han vetado un acuerdo sistemáticamente. Kofi Annan, el negociador que inicialmente envió la ONU para tratar de acercar posiciones, desistió ante el enquistamiento de las partes. Brahimi le sustituyó y hasta las actuales conversaciones en Ginebra no se había tenido noticias de que hubiera conseguido ningún tipo de avance.

Rusia, principal proveedor de armamento del régimen de Bashar Al Asaad,  manifestaba que habían sido los rebeldes quienes habían lanzado el ataque químico cuando Obama anunció que se intervendría militarmente en Siria si no se frenaba la matanza. Tras la entrada de personal de Naciones Unidas para verificar si efectivamente, el ataque con armas químicas había tenido lugar, las voces en contra de un ataque por parte de Estados Unidos y aquellos que inicialmente les apoyaban, Reino Unido y Francia, provocaron que toda la comunidad internacional comenzara a ser consciente de que había que actuar. La prensa internacional volvía a dar protagonismo a la muerte incesante de civiles sirios, que al convertirse en costumbre había dejado de interesar.

Desde ese momento parece que todo han sido sorpresas diplomáticas y no negociación e intención real de intentar por todos los medios no intervenir militarmente.

El Parlamento Británico rechazaba un apoyo militar a Estados Unidos sin el apoyo de Naciones Unidas y en Francia se promovía el debate ante la determinación de Hollande de apoyar a los norteamericanos sin reservas. Mientras, Naciones Unidas mantenía el silencio y la prudencia olvidando también la “responsabilidad de proteger” promovida tras la inacción en Ruanda o Bosnia, consciente de que “los cinco” no llegarían a un acuerdo. Si Rusia no movía ficha no había nada que hacer por la vía legal.

El tiempo pone todo en su lugar…

Y si algo necesitaba Obama era tiempo. No necesita ni el apoyo del Congreso, ni como demostró su antecesor, un mandato de la ONU para intervenir militarmente en Siria. Sin embargo, anunció que llevaría al Congreso la consulta, retrasando la fecha cuando esta iba a tener lugar y mientras su jefe diplomático, John Kerry manifestaba en rueda de prensa que cabía la posibilidad de replantearse el “inminente” ataque (llevaba semanas siendo inminente) si Siria entregaba el armamento químico que negaba poseer y que Rusia atribuía a los rebeldes. Obama, del que se esperaba una declaración de guerra en su intervención del martes 10 de septiembre de 2013, mantenía el suspense y la apertura a la vía diplomática, con la contudencia de que si está no se producía, habría ataque, presionando aún más para que se produjera algún tipo de respuesta.

Putin recogió hábilmente el testigo, izándose como promotor de un acuerdo con el gobierno sirio que aceptaría entregar el arsenal bajo el control de Naciones Unidas, siempre que el ataque no se produjera. Ayer leía sorprendida como en algunos medios se promueve ya el Nobel de la Paz para Vladimir Putin, gobernante de un país paradigma del respeto por los derechos humanos y que hasta la actualidad ha puesto todos los medios a su alcance para que se frenara la sangría siria (léase con mucha sorna y no poca tristeza). En fin… La historia tiene estos giros.

La cumbre del  G-20 se celebraba en San Petersburgo a principios de septiembre de 2013 y tenía programado un encuentro entre Putin y Obama. Este llevaba meses suspendido por la decisión del gobierno ruso a dar asilo a Edward Snowden, el joven que denunció al mundo que un programa de espionaje en el que participaba no hacía distinciones al poner sus ojos sobre los ciudadanos y que erigido en héroe mundial parecía no ser consciente, ni sus valedores, que su hazaña podía traer consecuencias diplomáticas más allá de debate sobre la privacidad de los datos personales.

En esas fechas Putin sostenía que si se probaba que Al Asaad había empleado armas químicas no descartaba el ataque para hacer valer el derecho internacional y manifestaba también que no dejaría de vender armamento a Siria. La cumbre que debería centrarse en temas económicos estuvo protagonizada por la necesidad de hacer algo en Siria.

El viernes 13 de septiembre de 2013 y antes de los resultados del equipo enviado para la verificación del empleo de armas químicas se hagan público el lunes 16, Ban Ki-moon, Secretario General de Naciones Unidas, manifestaba en rueda de prensa que “Bashar Al Asaad había cometido muchos crímenes contra la humanidad” y que “el informe acerca del uso de armas químicas –que el mismo hará público- sería abrumador". Ese mismo día la prensa internacional se hacía eco de los grandes logros de la diplomacia rusa que había propiciado que Lavrov y Kerry se sentaran a negociar el fin de la masacre del mandatario sirio ante el fracaso de la política exterior estadounidense. De este modo se acepta que Bashar Al Asaad a cometido crímenes por los que ser juzgado por el tribunal de la Haya. Creo que sobra recordar quienes han sido sus mayores valedores hasta la actualidad y quienes han impedido su salida del poder.

Quedan así despejadas las dudas de si se produjo el uso de armas químicas y quién lanzó el ataque. Tras tres días de negociaciones en Ginebra, el sábado 14 de septiembre de 2013,  John Kerry y Sergey Lavrov aceptaban el documento presentado por Francia para descartar la vía militar si Al Asaad entregaba las armas pero dejando abierta la puerta a la aplicación del Capítulo 7 de la Carta de Naciones Unidas que autorizaría el uso de la fuerza si el Consejo de Seguridad, ahora si, lo determina.

Se ha llegado a publicar que las imágenes de niños muertos gaseados, y que iniciaron la llamada crisis Siria eran en realidad niños dormidos que trataban de engañar nuevamente al mundo como se hizo en el caso del armamento nuclear de Irak.

La población norteamericana rechazaba mayoritariamente el recurso a la solución militar que ya no se produjo cuando Siria atacó Turquía en octubre de 2012 y que sería lícito según el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte. Tampoco Obama autorizó el ataque a Libia cuando el embajador estadounidense en el país fue asesinado en septiembre de 2012. Ante las declaraciones bélicas de Israel, temeroso de un ataque nuclear de Irán, Estados Unidos continuó con la política de embargos acordados en Naciones Unidas. Las amenazas nucleares del mandatario norcoreano tampoco tuvieron respuesta. Un esfuerzo de imaginación sería suficiente para prever las posibles consecuencias de una intervención norteamericana en cualquiera de los casos aludidos en una región más inestable que nunca. Tal vez si cerrara Guantánamo de una vez por todas, alguien comenzaría a ver a Barack Obama con otros ojos. Los odios antiimperialistas invitan a dudarlo.

Es de justicia recordar que cuando fue elegido presidente se le trató poco menos que  como una estrella del rock internacional, siendo su presencia requerida por todos los países y organizaciones y convirtiéndose en noticia cualquier detalle nimio sobre su vida o la de su familia. El mundo en ese momento solo sabía a ciencia cierta, que Obama era el primer presidente negro de Estados Unidos y que las políticas que anunciaba diferían mucho de las de su antecesor. Quedaba todo por hacer y ya se le había encumbrado como merecedor de un premio como defensor de la paz mundial.

El mandato de Obama tiene muchas luces y muchas sombras, muchas herencias pero, eso merece otro análisis. La posición norteamericana como primera potencia mundial ante determinados acontecimientos internacionales es muy discutible pero empiezan a diluirse las dudas de que se parece muy poco a las de pasadas décadas. Los posibles intereses económicos y políticos de todas las partes pueden ser, como siempre, los promotores de la toma de decisiones que consigan que algo cambie o que, como decían los defensores de la no intervención en Siria “se sigan matando entre ellos”.

Personalmente todo el proceso de negociación ante la crisis siria, me recuerda mucho a aquella crisis de los misiles cubanos, aunque la concesión de protagonismo a Rusia ha sido mucho mayor. Poco importa quién grita más fuerte o si lo que dice hoy en nada se parece a lo dicho ayer, cuando lo que está en juego son vidas humanas o la paz mundial.
Fotografía de Rodrigo Abd, de la agencia The Associated Press, en Idib (Siria) el 10 de marzo de 2012 con el primer premio en la categoría de "Noticias generales" del certamen World Press Photo. La foto muestra a Aida llorando mientras se recupera de las graves heridas causadas durante un bombardeo por el Ejército sirio en Idib (Siria).
Silvia Brasa. 2013