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sábado, 14 de diciembre de 2013

El fracaso de los "Indignados" (Segunda parte)


Indignación por lucidez


Haciendo una suerte de coctel de datos es fácilmente deducible que la percepción que actualmente se tiene de España es muy diferente según desde donde sea observada.

Según el Observatorio de la Imagen de España del Real Instituto Elcano, desde fuera se percibe una paulatina salida de la crisis económica que mejora tímidamente la valoración de la imagen del país y del presidente del gobierno.
Dentro, según el Eurobarómetro de julio del presente 2013, el 99 % de los españoles consideraba la situación económica como mala siendo los más pesimistas de la Unión Europea (72% de medía) incluso por delante de los países con rescate económico. Los españoles superan en casi 20 puntos al resto de países de la UE con un 54%, la percepción de una situación de incertidumbre tal que les impide hacer planes de futuro y que viven al día.

Esta misma semana la organización no gubernamental "Transparencia Internacional" arrojaba el asombroso dato en el que se pone de manifiesto que solo Siria supera a España en 2013 en la caída de puntos de percepción de corrupción oficial situándose en el puesto número 40 del mundo y obteniendo la puntuación más baja de los últimos quince años. Por el momento todavía hay países cercanos considerados como más corruptos, tales como Italia o Grecia.

Retomando la exposición de la primera parte de esta entrada, señalar que el deporte español es lo más valorado en el exterior. En el interior como ya se dijo, los éxitos deportivos han sido los únicos acontecimientos que han puesto de manifiesto una identificación masiva de la ciudadanía como nación con una bandera, una cultura y una idiosincrasia común y distintiva.
Los medios de comunicación no se acaban de poner de acuerdo en si se trata de falta de autoestima por parte de los foráneos o que la percepción que se tiene desde fuera es irreal por la lejanía y la ausencia de conciencia del día a día actual de un español medio.

El color si importa

Los recientes acontecimientos que están teniendo lugar en Ucrania son una continuación de la Revolución Naranja iniciada en 2004 como consecuencia de la protestas por el fraude electoral en los comicios en los que el actual presidente Viktor Yanukovich se proclamaba presidente. En 2005 y tras una sentencia del Tribunal Supremo ucraniano que obligaba a repetir las elecciones, Yulika Tymoshenko la opositora de Yanukovich, una de las líderes más importantes de la Revolución Naranja, se proclamó primera ministra. Renovó su mandato en 2007 hasta que en 2010 tras perder una moción de censura de la Rada Suprema –el parlamento ucraniano- fue encarcelada por delitos políticos permaneciendo a día de hoy en prisión. La Revolución Naranja está más activa que nunca con la decisión del parlamento de no acercarse comercialmente a la Unión Europea y así mantenerse en la orbita de Rusia por los importantes intereses, especialmente energéticos que le unen a su hermano del este desde que era una de las repúblicas más importantes de la Unión Soviética. Los ucranianos visten hoy en la calle de nuevo masivamente el naranja esta vez arropados por la bandera azul de las doce estrellas y es que como Javier Solana parafrasea sin descanso “fuera de Europa hace un frío que pela”. El problema es que Rusia es quien maneja la llave del gas de las calefacciones ucranianas por mucho que sus habitantes se manifiesten en pro de un acuerdo que les conduzca a una autentica democracia al amparo de la UE.

Los Camisas Rojas de Tailandia han provocado la disolución del parlamento de tailandés. Constituyen un grupo de presión política denominado Frente Unido por la Democracia contra la Dictadura. Surgió a consecuencia de las protestas de la población campesina en 2010 cuando el gobierno de Thaksin Shinawatra fue derrocado en un golpe de Estado. Hoy los Camisas Rojas se manifiestan a favor de la primera ministra Yingluck Shinawatra que promovió en octubre de 2013 un proyecto de ley de amnistía que propiciaría el regreso de su hermano, el expresidente Thaksin sin enfrentarse a prisión por la condena por corrupción que se le impuso en 2008. Antigubernamentales y Camisas Rojas se enfrentaron violentamente en las calles desde noviembre en que tomaron el Ministerio de Finanzas provocando elecciones anticipadas. Hay serias sospechas de que el Partido Demócrata apoyado por los Camisas Rojas boicotee los nuevos comicios.

La Revolución Verde se movilizó en 2009 en Irán manifestando al mundo su disconformidad por unas elecciones de legalidad más que dudosa, en las que Mahmud Ahmadinejad se proclamó vencedor. La Revolución Verde no tuvo éxito pero dio a conocer al mundo la realidad iraní, su hartazgo hacia el Régimen de los Ayatolas que impiden el aperturismo encarcelando o reteniendo bajo arrestos domiciliarios a los opositores democráticos, manteniendo la pena de muerte, siendo el segundo país del mundo tras China que más numerosamente la ejecuta e impidiendo mediante torturas, encarcelamientos masivos, extrañas desapariciones y cierre de las comunicaciones exteriores, que la sociedad de Irán se acerque a una verdadera democracia. A pesar del intento fallido de 2009 Jamenei parece haber tenido en cuenta lo ocurrido y su repercusión anterior propiciando que Rouhani ganara los comicios de 2013 dando un giro notable a su política exterior empezando por desenquistar la negociación nuclear.

Algunas otras “revoluciones de colores” han triunfado siguiendo las pautas de la revolución pacífica de Gene Sharp pero, el denominador común ha sido que el monocromatismo que las representa ha dado visibilidad exterior e identificación como sociedad a cada uno de los países protagonistas.

Se lanzaba en la primera parte de esta entrada la hipótesis de que la pluralidad cromática que se vive en España, le está restando la fuerza de voz común a las protestas, que aunque variopintas en función de sus colores tienen un denominador común. Así en el exterior, la percepción de mejora de la situación económica por las informaciones que ofrecen propios, desde el gobierno y los grupos afines y ajenos, desde las agencias de calificación, dista mucho de la crisis social que no deja de agravarse.

Democracia pero ¿cual y como?

Según Giovanni Sartori la democracia tiene tres dimensiones íntimamente relacionadas a la vez que diferenciadas: política, social y económica. La democracia política constituiría una condición necesaria de las otras dos.
En la prensa internacional a raíz de la concentración de la Puerta del Sol de mayo de 2011 y el surgimiento del movimiento 15M y diversos y numerosos grupos, asambleas y asociaciones, se destaca sobre todo el desconteto democrático social de la situación española actual y en especial de la situación por la que los jóvenes están saliendo masivamente del país en busca de futuro. Por otro lado, las noticias sobre España de los últimos cinco años se concentran especialmente en la mala situación económica. La percepción social de una democracia política corrupta alejada de la ciudadanía es la principal queja de los españoles.

Aunque los distintos grupos movilizados en las distintas manifestaciones coinciden en muchas de sus propuestas para cambiar la situación, el margen de maniobra para conseguir llevar a cabo una estratégia que realmente conduzca a un cambio institucional, pasa por una auntentica unidad de las convicciones sociales que minen de manera efectiva la conciencia política y desatasquen de una vez por todas los oídos de los representantes del pueblo.

La Iniciativa Legislativa Popular que según el artículo 87.3 de la Constitución Española permite que, con la firma acreditada al menos de 500.000 españoles se puedan presentar a la Mesa del Congreso de los diputados propuestas de ley por parte de la ciudadanía ha sido desde el inicio de la democracia un modo permanente de menos precio a la voz del pueblo. Solo la "Proposición de Ley sobre reclamación de deudas comunitarias" acabó siendo parte de una proposición no de ley que supuso la modificación de un artículo de la Ley de Propiedad Horizontal. El resto, 66 de las cuales cuatro superaron el millón de firmas, murieron por el camino. La carencia de una resistencia eficaz y efectiva por parte de la ciudadanía a ser escuchada quizás haya sido uno de los principales motivos de la sordera parlamentaria aunque muchos apuntan también al extremado civismo de la mayoría de la ciudadanía ,que a pesar de haber salido innumerables veces a la calle no ha dado lugar a una verdadera preocupación por parte de los distintos gobiernos de que la masa puede convertirse en peligrosa si no se le escucha o si como está sucediendo, se vea cada vez más carente no solo de recursos sino también de futuro.

El endurecimiento paulatino de las posiciones políticas, especialmente en esta última legislatura, da lugar a una imposibilidad de negociación por parte de la ciudadanía con el gobierno que ha hecho crecerse en la dureza de sus medidas a estos y que ha aumentado el descontento del pueblo cada vez mejor informado pero, también más desanimado e indefenso.
La Transición democrática española fue un ejemplo de ingeniería legislativa cuasi perfecta en tanto en cuanto derogó un régimen dictatorial “de la ley a la ley” y que ahora es denostada injustamente por algunos pero, mereció el aplauso internacional en lo social por el ejemplo de adaptación a los cambios de la ciudadanía sin conflictos, a excepción del consabido problema del terrorismo, que nada tenía que ver con las ansias del pueblo de abrazar el nuevo orden democrático.
Treinta y seis años después se ha llegado a un extremo de deconstrucción democrática que pretende incluso impedir por la fuerza, que los ciudadanos se manifiesten delante del Congreso y el resto de las instituciones aun no habiendo actividad. El pueblo en el que reside la soberanía está abocado a no poder decir delante de aquellos edificios donde los elegidos deciden como se regiran sus vidas que no les gusta lo que hacen. Si el Anteproyecto de Ley de Seguridad Ciudadana, rebautizada como "Ley Mordaza" continúa en los términos acordados de inicio, un español será castigado si decide que tiene que “avisar al fontanero de que la tubería de su casa está rota, la inunda estropeando sus enseres, impidiendo el normal desarrollo de su vida y está además estropeando el techo del vecino”. Eso dista mucho de ser protección. ¿Los españoles han de ser protegidos de si mismos cuando han sido un ejemplo de convivencia pacifica?.

La historia nos susurra aunque no la queramos oír, que también los españoles han sido un ejemplo de desunión, de rupturas territoriales cuando más falta hacía que estuvieran unidos, de segmentaciones ideológicas basadas en el adoctrinamiento por parte de los poderosos, que les condujo durante décadas a odios absurdos.

Revuelta consensual

Casi todos los politólogos y pensadores concluyen que la democracia consuetudinaria es la forma más justa y equitativa de democracia y que tal vez “el acuerdo entre el mayor número de gente posible” sea más efectivo que lo que “decida la mayoría”.

Las propuestas de todos los grupos que en el último lustro a raíz de la crisis económica y la incapacidad de los gobiernos para resolverla son el sentir de la mayoría pero, no alcanzan a reunir un numero de gente tal que realmente haga cuestionarse a los representantes de todo el pueblo español que deben abandonar el anquilosamiento que les permite vivir holgadamente mientras legislan sin ton ni son. Es cada vez más sangrante ver las ruedas de prensa tras los Consejos de Ministros en los que hasta la vicepresidenta del gobierno es incapaz de dar informaciones concretas y veraces de los que se acaba de acordar y en los que las preguntas por parte de la prensa de un país, donde hay una libertad de información protegida por la constitución vigente van a ser dos escogidas por el ejecutivo. Un ejercicio de imaginación trasladando lo que está ocurriendo actualmente en España a cualquier otro país de Europa hace suponer que el estallido social sería de una inminencia tal, que se producirían ceses masivos de ministros, junto con un estudio real de un cambio de rumbo que se terciaría imprescindible.
Es difícil decidir si quienes salen a la calle en los últimos dos años expresan lo que la mayoría quiere del modo correcto o si no se producen cambios porque no sale el mayor numero de gente posible a manifestar lo que quiere la mayoría. Lo que si está claro es que el descontento generalizado no está produciendo cambio alguno a favor de la sociedad.

Se ha echado en falta por parte de algunos sectores las voces de aquellas personalidades realmente influyentes en la sociedad española y si hablan, desde mi punto de vista lo hacen susurrando, escasas veces y de modo individual y minoritario por mucho que coincidan en sus percepciones.

Tampoco se percibe la presencia de lideres que puedan llevar a cabo el cambio necesario y se culpa al anquilosamiento legislativo que cierra las puertas a cal y canto a personas capaces. A quien les escribe le vienen a la cabeza varios nombres de personas que surgieron de la nada y que incluso fueron perseguidos por sus ideas de cambio y llegaron a ser tan influyentes que no solo lograron sus metas sino que incluso llegaron a ser los timoneles de sus pueblos.

Lo positivo de la conciencia ciudadana que ha llevado a muchas personas a tratar de hacerse escuchar por aquellos a los que han votado ya que no ven reflejadas las ofertas que se les hicieron para representarles, seguirá empañado por el hecho de que la única manera de cambiar la situación actual es la de pasar por las urnas, que se han convertido en una especie de pacto con el diablo, certificado por millones de sobres que una y otra vez se someten al bipartidismo porque mayoritariamente no se considera la posibilidad de que pueda tener lugar una coalición gubernamental que obligue de una vez por todas a la representación de lo que “quiera el mayor número de gente posible”.

Muchas veces los análisis de los problemas carecen de propuestas de soluciones pero, desde que se ha iniciado esta situación en España cuya decadencia es meteórica una y otra vez acude a mi memoria José Saramago y su “Ensayo sobre la lucidez”. Para quienes no hayan disfrutado de la exquisitez de su lectura solo un ínfimo resumen: ¿qué sucedería si todo un país votara en blanco?. Tal vez debería considerarse la idea de dejar de estar indignados y comenzar únicamente a buscar el modo de recuperar la lucidez.


Silvia Brasa 2013

domingo, 24 de noviembre de 2013

Europa está enferma. Extremismo y falta de autoestima

La prensa y los think tank se hacen eco últimamente del aumento de grupos extremistas radicales, especialmente de extrema derecha.
En Europa inevitablemente trae a la memoria en que acabaron todas las radicalizaciones político-ideológicas. Las sombras del nazismo alemán, el fascismo italiano o las dictaduras española, portuguesa y griega son demasiado alargadas aún.

La proximidad de las elecciones al parlamento europeo y la previsión de aumento de voto para los partidos de extrema derecha han puesto en la palestra un problema que lejos de estar superado va en aumento.

Uno de los principales rasgos en común de estos partidos es su nacionalismo, que revierte en antieuropeísmo, con lo que convierten en un contrasentido sus aspiraciones políticas en el seno de las instituciones de la UE, a menos que, la pretensión sea destruirla desde dentro además de alimentarse de los fondos económicos que les proporcionen los escaños que puedan conseguir para seguir en la pugna de aspiraciones de poder nacionales. 

“Quizá los impulsos atávicos que aún revolotean en los corazones de alemanes, británicos y franceses –la memoria del poder, de la influencia internacional y de la ambición nacional-puedan aún entrar en juego: algunos británicos todavía recuerdan el Imperio; algunos franceses todavía lloran la glorie; algunos alemanes todavía buscan su lugar bajo el sol. En la actualidad estos deseos se encauzan principalmente dentro el magnífico proyecto europeo; sin embargo podría encontrar una expresión más tradicional. Pero sería mejor todavía si los europeos  pudieran ir más allá del miedo y la ira que les suscita el coloso proscrito y recordarán, una vez más, la necesidad vital de contar con un Estados Unidos fuerte incluso predominante por el mundo y especialmente por Europa”.

El párrafo pertenece al libro “Poder y debilidad” de Robert Kagan de 2003, que una década después no resulta anacrónico. Atendiendo a muchos de los europeístas tanto fundadores como continuadores que pugnan por unos Estados Unidos de Europa, resulta interesante realizar un análisis comparativo entre la Unión Europea actual y los Estados Unidos para tratar de encontrar un diagnostico al grave mal que acucia a la UE. Por partes.

Poderoso caballero don dinero.

La crisis económica, iniciada en Estados Unidos que se extendió rápidamente por el mundo globalizado fue el inicio del descubrimiento de que las instituciones europeas estaban enfermas. 

El hecho de que la crisis se recrudeciera en Europa y se haya enquistado haciéndose más duradera ha ayudado a que dicho síntoma sea tan importante. En ninguna de las crisis económicas sufridas cíclicamente a lo largo del siglo XX se ha cuestionado nunca la existencia el dólar como moneda de supremacía mundial. El patrón oro se eliminó pero ningún estado de los Estados Unidos ni otros países cuyas transacciones se realizan en dólares se plantearon abandonar su moneda. En Europa, sin embargo, la crisis ha sido bautizada como “Crisis el Euro” ya que inicialmente se pensaba que la dependencia el Banco Europeo, la falta de una regulación fiscal única y que los países no dispusieran del mecanismo de devaluación monetaria en función de sus necesidades era la causa de que, no solo parecía de difícil resolución el problema de solvencia económica de algunos de los estados miembros, sino que además parecía irse agravando por momentos. 
Es cierto que la falta de un control más exhaustivo de los déficits de los estados de la UE ha promovido que el problema fuese aumentando sin visos de solución hasta que se rescató a Grecia pero, volviendo al tema que nos ocupa todas las decisiones que se debían adoptar pasaban por la aprobación de imposiciones del gobierno alemán, el más fuerte de la UE en todos los aspectos. Esto ha promovido un odio hacia Alemania y su canciller fruto de la impotencia y la reticencia especialmente de los otros 16 miembros de la Eurozona, para admitir la posición de poder que Alemania ostenta. 
Nadie parece recordar que la con la unificación, Alemania tuvo que asumir de la noche a la mañana a once millones nuevos de ciudadanos que vivían precariamente y cuya estructura económica e industrial se basaba en la economía comunista impuesta desde la URSS que se desintegró en una larga agonía. La UE no padeció crisis alguna en ese momento ni se tomaron medidas de especial relevancia para afrontar la nueva situación. Sin embargo, estos partidos de extrema derecha ensalzan entre sus principales dogmas la necesidad de abandonar la moneda única, que hasta la crisis ha sido durante varios años mucho más fuerte que el dólar, su principal competidora. A fuerza de repetirlo una y otra vez pretenden que la salida del Euro conllevaría una recuperación del poderío económico nacional. Es posible que los futuros votantes de estos partidos no sean conscientes de que el país que abandone el Euro competirán con él, con el dólar y con la precariedad que les va a suponer hasta que la nueva moneda se haga fuerte y sea fiable.

¿Quiénes son los extranjeros?

Las sucesivas incorporaciones de estados miembros alcanzaron su punto álgido cuando la UE acogió a los países de la Europa del Este miembros de la desmembraba Unión Soviética comenzando a compartir frontera con Rusia. Aunque algunos no forman parte de Schengen muchos de los ciudadanos de esos nuevos Estados miembros comenzaron a moverse por la UE. Entre ellos muchas personas de etnia gitana procedentes especialmente de Rumania y los países que formaban parte de la antigua Yugoslavia. 

Muchos son refugiados de la guerra de los Balcanes de los años 90 víctimas de la limpieza étnica que la UE gestionó tarde y mal. Francia es quien parece tener un problema más grave con los gitanos pero, más que un problema xenofobo parece una cuestión de asunción de las realidades de una comunidad con unas características propias y diferenciadas que los distintos gobiernos europeos y especialmente el francés disfraza de inseguridad, violencia y desordenes públicos.

Los gitanos no se sienten parte el sistema institucional que no les ofrece ninguna oportunidad real de abandonar la situación de pobreza en la que viven mayoritariamente.  Permanecen a merced de lo que el sistema quiera hacer con ellos sin renunciar a su cultura o modo de vida. No se integran no solo por no renunciar a su identidad sino porque son meros observadores de un juego de equilibrio en el que el Estado hace trampas. Muchos gitanos no tienen sensación de privación, son las comunidades en las que están inmersas las que interpretan que su modo de vida no es el adecuado. Algunos consiguen adaptarse a las normas que se exige a los extranjeros aunque ya haya generaciones foráneas pero, aún siendo nacionales, se les sigue tratando como extranjeros. Quizá les interese la invisibilidad que les transporte a la integración o quizá no se revelen por falta de expectativas de solucionar un problema cuyo origen y persistencia no se entiende por ninguna de las partes.

Del mismo modo los refugiados cuando llegan al país de destino lo hacen con la esperanza de que su vida como poco no corre peligro, no tienen nada que perder precisamente porque no tienen nada. La cultura de solidaridad arraigada en Europa no ha sido suficiente como para resolver la situación de personas cuyo principal problema y motivo de ausencia de inmersión en el lugar de acogida es una desconfianza irracional al extranjero pobre. 

Los estudios demuestran que no son ninguno de estos grupos los mayores protagonistas de delitos de cualquier tipo  y su conflictividad responde más a un problema de desigualdad económica.

Volviendo a la comparativa con Estados Unidos que sufrió hasta que finalmente se firmo el Acta de derechos civiles en los años sesenta, un grave problema de desigualdad racial, no puede ofrecer un mejor ejemplo de superación, de lo que incluso fue una motivación de la Guerra Civil estadounidense que el hecho de que el presidente electo es negro. Es inimaginable en un país de la Unión Europea en un futuro cercano un alto cargo de Francia, por ejemplo, gitano. Los negros estadounidenses quieren ser ciudadanos de pleno derecho, persisten problemas de discriminación racista o xenófoba pero la multiculturalidad del país, y que los problemas mencionados no presenten una preocupación para la seguridad nacional son un síntoma más, para plantear la hipótesis de que es más una cuestión de rechazo a los extranjeros que realmente no lo son y que como ciudadanos miembros de la Unión Europea debería de tener el mismo nexo con la sociedad. El problema ya toma tintes dramáticos cuando se plantea la posibilidad por parte de algunos países de cerrar sus fronteras a la emigración de cualquier tipo.

¿De dónde procede la amenaza?

Hasta después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos carecía de lo que en los Estados europeos equivaldría a un Ministerio de Interior. No se entendía la posibilidad de amenazas intraestatales que requiriesen una atención especial por parte de Washington. ¿Qué ciudadano americano, de ascendencia extranjera y a los que tanto les había costado hacer nación iba a querer atentar contra sí mismo? El ministro de interior francés interpreta como amenaza interior la presencia de gitanos en su país pertenecientes a la UE. 

El islamismo radical se manifestó así como una amenaza real de aquellos a los que durante generaciones habían sido educados para odiar a América. Sin embargo, el mar compartido entre Europa y  los países de mayoría religiosa islámica puede ser atravesado incluso en lanchas de juguete jugándose la vida. Es más fácil llegar a las costas europeas que aterrizar en cualquier otro país que no sea parte de la UE. El refuerzo de las fronteras en países como España se realiza con concertinas (alambres de espinos incrustados en las vallas) como muestra de la falta de una regulación eficaz de la UE que aún teniendo una institución como FRONTEX no acaba de clarificar sus competencias y homogeneizarlas en todo el territorio.

La presencia creciente de musulmanes en muchos países de Europa que tratan de mantener sus prácticas religiosas y culturales en países mayoritariamente laicos ha sido otro de los eslóganes que los extremistas radicales han asumido para captar votos. 

En cuanto al problema que presentan las comunidades musulmanas especialmente en la cuestión de los derechos de las mujeres que en Europa, al menos de iure, son prácticamente equivalentes a los de los hombres, para los musulmanes son inadmisibles y no se acepta que sus mujeres no sigan ciegamente lo que les imponen sus padres y esposos. Lo que en Estados Unidos es únicamente un problema de seguridad relacionando el islamismo con terrorismo, en la Unión Europea además es un problema religioso, social y de derechos. Esto llama a la polarización ideológica a muchos ciudadanos que no aceptan que se cedan espacios para mezquitas, porque el rechazo a la proliferación de una comunidad religiosa creciente, bien porque las religiones se han quedado al margen de las estructuras de los Estados con no pocos esfuerzos, bien porque en otros Estados la religión católica sigue teniendo la hegemónica socialmente y cuenten con apoyo institucional e incluso reconocimiento constitucional.


Los políticos son el reflejo del pueblo

La desafección política y la desconfianza de los ciudadanos por quienes les gobierna forma parte también de la sintomatología del extraño mal europeo. La cesión de soberanía a la UE por parte de los Estados miembros que debería suponer más fortaleza para todos tanto juntos como por separado es otra de las armas arrojadizas de los extremistas. Mientras los Estados-nación sigan pensando que su fortaleza reside en mantener su identidad sin admitir que su calidad de estados miembros les ha aportado a pesar de ello tantos beneficios, la estructura de la Unión Europea será endeble.

Los ciudadanos europeos no saben que lo son porque nadie se lo ha contado. Una de las principales carencias de la UE ha sido no saber “criar” ciudadanía europea. Dos generaciones después de la creación de la Unión Europea los ciudadanos de los países miembros no saben que significa pertenecer a un ente supranacional que ha conseguido unir a 28 países bajo unas mismas directrices. El pasado 2012, los propios europeos criticaban la entrega el premio Nobel de la Paz a la UE. Los ciudadanos de la UE no se quieren como tales. Sería cuanto menos curioso que Estaos Unidos que lleva más de un siglo sin una guerra dentro de su territorio fuera el galardonado. A la UE que nació tras dos guerras mundiales y a quien se la premia por sus mas de 65 años de convivencia pacífica por la superación de unos odios que parecen crecer en un modo alarmante se hubiera rasgado las vestiduras.


La apertura de fronteras de 1993 con la libre circulación de personas por los países miembros de la UE fue un logro impensable en anteriores décadas y parecía  una suerte de borrado de líneas divisorias más allá de lo meramente geográfico. No está claro si el problema real de Europa es el extremismo radical de derechas, la polarización política hacia ideologías con propuestas separatistas, xenófobas y racistas y que apuestan por mas desigualdad social que se está manifestando como principal síntoma de la enfermedad. La falta de euroautoestima ha de convertirse en tolerancia a quienes dentro de las desigualdades forman parte de un ente común, que nació tras el sueño de un lugar que ejemplificara la convivencia tras millones de muertos que siguen dando vida al recuerdo de lo que puede producir el odio.

Silvia Brasa. 2013