Mostrando entradas con la etiqueta URSS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta URSS. Mostrar todas las entradas

domingo, 9 de marzo de 2014

Antianálisis de la invasión de Ucrania.

Arcángel Miguel en Maidan, patrón de Kiev
Lamento desilusionar a aquellos que me habeis pedido un análisis sobre la situación geopolítica de Ucrania con motivo de la invasión rusa. Cada vez que la palabra "experta" planea sobre quien escribe, aparece el borde de una madriguera en la que puede intuirse paredes decoradas de enormes agujeros de carencias de conocimientos. Mientras siento la tentación de arrojarme hacia una caída sin fin, leo incansablemente análisis, historias, predicciones que no hacen más que aumentar la confusión respecto a lo que está ocurriendo en ese inmenso país. Por fin he sucumbido a la tentación de perseguir al conejo y abandonar la lectura. Mientras me hago pequeñita tras probar el líquido de la botella que ponía "Bébeme", descubro otra palabra en la etiqueta que no había leído antes de tomarme la poción...

Obsesión

El comienzo del prometedor siglo XXI ha estado caracterizado por la necesidad de ordenar el mundo. Cada vez que algo lo descoloca parece inevitable situar todos los acontecimientos en un lugar adecuado. Tras las pruebas de ordenamiento fallidas de la primera década, motivadas por el omnipresente 11S, se ha pasado a un "Neonuevo Orden Mundial", caracterizado por un softpower impuesto por la obsesión de ignorar que no todo el mundo desea la paz o se vale de medios de negociación pacíficos para resolver sus conflictos. De este modo, con la hábil promoción de Reino Unido de Catherine Ashton para que inutilizara lo máximo posible la política exterior y de seguridad de la Unión Europea, se ha ido abandonando paulatinamente el cuidado de las relaciones diplomáticas con los países vecinos. El hecho de que los conflictos se resuelvan solos por obra y gracia de la inacción, parece dogma de fe en la Comunidad Internacional. Rusia además, cuenta con la capacidad de quienes se enfadan primero y y con más fuerza para que aquellos que evitan el enfrentamiento, agachen la cabeza y aguanten el chaparrón con tal de no crear más polémica.
Los ucranianos a pesar de todo, llevan años queriendo acercarse a la Unión Europea con la esperanza de ser un poco más libres del yugo ruso, que tras más de veinte años de independencia después de la caída de la Unión Soviética, sigue siendo un lastre para la evolución del país. Ucrania nunca ha tenido verdadera conciencia de que era el "tesoro de Rusia", especialmente por su posición geográfica, ya que sus líderes han estado siempre manipulados y subordinados al gobierno de Moscú. La alternativa europea tampoco ha sabido conquistar a los eslavos por la falta de un verdadero reconocimiento de ciudadanos de pleno derecho en cualquier parte de la Unión. El Acuerdo de Schengen no solo excluye a Ucrania de iure en cuanto a una circulación de sus ciudadanos más cómoda por los países vecinos, sino que además promueve que se les trate burocráticamente como a los ciudadanos rusos que viajan o establecen su residencia en Europa. La mayoría de estas personas puede contar rocambolescas historias de cuanto han padecido para obtener visados, cruzar una frontera, solicitar residencia o nacionalidad y el trato discriminatorio que sufren cada vez que tienen que dar cuenta de su procedencia y las razones que le han llevado a buscarse la vida fuera de sus países a las autoridades de cualquier país europeo. A pesar de ello o precisamente para que esto dejara de suceder, en 2004 se iniciaron una serie de movilizaciones que se conocen como la Revolución Naranja y que denunciaban el fraude electoral que había conducido al poder a Viktor Yanukovich, íntimamente ligado a los dictámenes de la Duma, y que apartaba, ya que el veneno no pudo hacerlo, a su rival Viktor Yushchenko, lider socialista prooccidental.


Pasos para ordenar el mundo. 

Primero: clasificar.

Todas la noticias derivadas del estallido violento de las manifestaciones en Kiev de los últimos meses, parecen adolecer de una necesidad compulsiva de etiquetar los hechos y a sus protagonistas.
Diez motivos de la revolución ucraniana, cinco claves de la invasión rusa, veinte razones por las que ha estallado el conflicto... La necesidad de encontrar razones para la siempre sinrazón que supone el recurso a la violencia, da rienda suelta a quienes titulan sus artículos aportando realmente poco respecto de la realidad ucraniana. Personalmente me resulta de un atrevimiento obsceno valorar  que ha impulsado a un país a llegar al borde de una guerra civil, sin haber vivido en él durante los últimos veinte años y sin poder sentir en carne propia el ver que mientras el resto del mundo evoluciona en todos los aspectos, uno de los territorios más ricos del planeta permanece congelado y condenado al sometimiento de la "Madre Patria" a quien un día no le quedó más remedio que dejarle abandonar el nido pero que no suelta amarras. Rusia ha educado a Ucrania para sentirse permanentemente dependiente de quien dice ser su valedora, cuando en realidad es el gigante ruso quien tiene verdadera necesidad de Ucrania. Pero si de algo han sido expertos todos los líderes del Kremlim es de saber utilizar la propaganda y el terror para que a ninguno de sus imprescindibles satélites se les ocurra salir de la órbita.

Segundo: etiquetar a la población en conflicto

Los manifestantes de la Plaza de la Independencia en Kiev, la Maidan Nezalezhnosti, ya no visten de naranja. Desde el comienzo de las movilizaciones en noviembre de 2013, tras la decisión gubernamental de no firmar un acuerdo comercial con la Unión Europea, las banderas azules con las doce estrellas doradas, las caras tapadas con mascaras y los cascos de obra pintados de colores han sido los principales distintivos. 
Mientras Rusia se esfuerza por calificar a los manifestantes como ultraderechistas, radicales, violentos, terroristas, pagados por occidente y católicos (¡¡¡¿¿¿???!!!), los analistas occidentales se pierden en tratar de distinguir bandos. La necesidad de etiquetar a buenos y malos, distinguir entre lo blanco y lo negro sin contemplar la posibilidad de un espectro incontable de colores, pretende dar solución al problema. En un mundo globalizado solo para algunas cosas, la diversidad se ve mas como fuente de conflicto que como modo de enriquecimiento social y se fomenta la necesidad de dar explicaciones de los motivos de disputa desde la absurda creencia de que lo diferente, si hablamos de personas, no se puede mezclar. 
La realidad es que en Ucrania, territorio de historia tan antigua como compleja, las guerras han dejado una diversidad social como no se conoce en ningún país de Europa. Sus casi 45 millones de habitantes hablan múltiples dialectos además del ucraniano y el ruso impuesto por la URSS a fuerza de hambrunas (Holodomor fue de una magnitud semejante al Holocausto Judio pertrechado por los nazis, por más que la historia parezca querer ignorarlo), pertenecen a más de una decena de etnias, y practican tres religiones con distintas peculiaridades que aumentan las variantes. 
Sin embargo, es mucho mas sencillo decir que la mayoría tiene razón y son los buenos y las múltiples minorías por el hecho de serlo no la tienen y  son los malos. O viceversa según el ángulo desde el que se mire.

Tercero: identificar protagonistas (antiguamente conocidos como líderes).


En Europa desde la crisis económica que ha azotado a todo el planeta, la voz que parece dominar y liderar la UE ha sido la de la Canciller Merkel. Ese ejercicio de liderazgo tan demode se ha visto empañado por seguir pagando por un pasado del que solo fueron responsables sus protagonistas y que les persigue ayende las décadas. Otro de los términos que más se ha utilizado para titular el actual problema ucraniano es el de "Guerra Fría". Para Merkel calificar la posible situación prebélica como "Fría" adquiere un significado literal. Un tubo denominado conducto North Stream surte de gas a Alemania y a la mayoría de los países del este de Europa. El 25% del petroleo que consumen los germanos procede de Rusia. Los precedentes de Putin en cuanto a como "enfriar" sus relaciones con la propia Ucrania o Georgia invitan a preocuparse por la posibilidad de que pueda cerrar la llave. La mandataria alemana no ha podido permitirse la incapacidad de Lady Ashton y desde el primer momento en que Rusia decidio tomar parte activa en la situación política ucraniana trató de buscar una solución junto con Obama al conflicto.
Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, que pese a quien pese sigue siendo la potencia número uno, acomete una vez más el papel de jefe de facto de Naciones Unidas ante la pusilanimidad de Ban Ki Moon. Cada vez que surge un conflicto en cualquier punto del globo y Obama hace unas declaraciones, estas son etiquetadas de amenaza y es que la herencia de su antecesor ha sido una "yankifobia" absurda que cargará en sus espaldas, hasta el fin de sus días como presidente, por más que no haya llevado a cabo ningún tipo de intervención de carácter ofensivo desde 2008 que inició su mandato. Contrariamente a lo que dicen los titulares, emprendió la prometida política de puesta a cero con Rusia, liderada por entonces por Medvedev, viendo ahora como Putin manifiesta su voluntad, ya que Putin, inexplicablemente "no amenaza", de romper incluso los tratados sobre armas nucleares que Obama promovió.
El protestado a muchos grados bajo cero por toda Rusia nuevo nombramiento de Vladimir Putin en 2012 llegó a ser incluso aplaudido en los últimos meses de 2013.
Ignorando ínfimos detalles sin importancia como un cambio en la Constitución Rusa para perpetuarse en el poder, la libre interpretación de los derechos humanos por la que se puede perseguir y asesinar impunemente a quienes se manifiesten contra el gobierno o tengan una tendencia sexual determinada, la financiación de la mayoría de los medios de comunicación para que informen convenientemente a la población cada vez mas pobre de las bondades de sus mandatarios cada vez más ricos y corruptos y alguna que otra nimiedad más como el veto sistemático en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para acabar con la barbarie en Siria, Vladimir Putin ha llegado a ser promovido como Premio Nobel de la Paz y sus actuaciones veneradas por la Comunidad Internacional.
Antes de la huida del legitimo ganador de las elecciones a la Rada ucraniana, cuyos comicios han estado caracterizados por su transparencia y ausencia de manipulación, ya advertía Putin ante la UE que no admitiría intervención alguna en Ucrania, del mismo modo que él cometería una injerencia en la soberanía de cualquier país de la Unión si decidía intervenir en los asuntos de cualquiera de los Veintiocho. Si algo a caracterizado la política exterior de Putin ha sido su defensa de la independencia de la soberanía de los Estados. De este modo, y como viene siendo habitual una vez al año, un jueves se iniciaban unos ejercicios militares en todo el territorio ruso y el sábado casualmente, hombres con uniformes militares sin distintivos en su indumentaria portando armas y banderas rusas, en vehículos militares de matrícula rusa, atraviesan la frontera ruso-ucraniana y se instalan en puntos estrategicos del país encañonado a los militares foráneos. 
(Quien todavía no haya percibido la ironia, por favor relea el parrafo con toda la que le sea posible).
Por más que cualquier tipo de norma sea interpretable, por más que la distinción entre combatientes este perfectamente legislada en derecho internacional y derecho humanitario, el sentido común  no deja margen para la duda, ¿o si?.
Putin, escudándose en que los americanos y por extensión el mundo occidental, han reinterpretado a su antojo el ordenamiento mundial, y han intervenido para supuestamente llevar la democracia y la paz a terceros países, fueran cuales fueren las causas, siempre injustificables y reprobables, eso sí, se veía en la obligación de defender a los rusoparlantes de Ucrania, esa segunda y tercera generación surgida gracias a una dieta milagrosa a base de pan y agua que llevó a la muerte a unos diez millones de personas. Vladimir Putin no amenaza, defiende sus intereses justificados en razones históricas, políticas, geográficas y defensivas ya que la amenaza de Occidente está siempre presente. (Ruego un poco más de ironía a la lectura de estas últimas frases si cabe mordaz en grado extremo).

Por más que haya utilizado la ironía en párrafos anteriores me niego rotundamente a caer en la falta de verguenza de hacer una posible comparación de lo que puede ocurrir en algunas regiones de Ucrania, como Crimea, con otras pretensiones de reordenamiento político-territorial de otras en Europa. Puestos a comparar no pierdo la esperanza de que en algún momento alguien se de cuenta de la estupidez de intentar mezclar agua y aceite

Cuarto: solucionar el conflicto

Los deseos de paz de la Comunidad Internacional, han llevado a una tensa espera en la que todos imploran en silencio que Putin salga del embrollo en el que se ha metido al invadir un país independiente. Rusia, uno de los cinco con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, apoyado además por China, tiene vía libre para deshacer el entuerto o complicar aún más la situación. 
Mientras, el llamado bloque occidental tan criticado por su supuesto despotismo, tiene que contemplar inmóvil, que decide Rusia ya que está atada de pies y manos no solo diplomáticamente sino también socialmente. El conflicto ucraniano, ha dejado patente hasta que punto se ha educado en el pacifismo a la sociedad actual que desprecia a sus líderes, tan criticados por no ejercer un verdadero liderazgo y cuando se tienen que poner el traje de mandar, ya no pueden ni saben liderar nada porque así se les ha pedido. La sombra de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial, tampoco parece motivo para que el malentendido pacifismo comience a llamar a las cosas por su nombre y se admita que existe un auténtico problema en las relaciones internacionales actuales. 


Ocurra lo que ocurra, ruego sinceramente se me disculpe la incapacidad de realizar un análisis en la línea habitual del blog. Como ser humano corriente, que lee la prensa e intenta entender que ocurre alrededor, no puedo dejar de pensar en esos 45 millones de personas de un bellísimo territorio llamado Ucrania, tan cerca del que yo habito que tienen que asistir atemorizados al terrible espectáculo de verse una vez más "decidiendo" a base de miedo que va a ser de sus vidas, mientras los buenos hacen de buenos y los malos han conseguido convencer al mundo de que son más buenos incluso que estos.

No hay más ciego que aquel que no quiere ver y las obsesiones traen por defecto unas anteojeras que impiden mirar hacia atrás para poder avanzar teniendo en cuenta caminos distintos a los que se nos obliga a mirar.

Silvia Brasa. 2014






jueves, 5 de diciembre de 2013

Putin vs Obama

El 30 de octubre de 2013 la lista Forbes nombraba a Vladimir Putin como persona más poderosa del año desbancando a Barack Obama que había ostentado este título desde la creación el ranking en 2009, a excepción de 2010 en que fue superado por el presidente chino Hu Jintao.
Para elaborar la lista se tienen en cuenta principalmente cuatro factores: número de personas sobre las que se ejerce el liderazgo, recursos financieros que controla, las múltiples esferas en las que el candidato es poderoso y la utilización activa de su poder.
La revista Forbes ese mismo día se cuestionaba en un artículo si verdaderamente Putin era más poderoso que Obama aclarando que no se ponía en duda el poder de Estados Unidos como nación si no a su presidente.
Putin y Obama son dos líderes mundiales que representan sin ningún género de duda el cambio en las relaciones internacionales y en sus propios países. La comparación resulta tan curiosa como interesante.
barack-obama-and-vladimir-putin-meeting-at-the-g8-data

¿Quién es quién?

Vladimir Putin nació en Leningrado hace 62 años. Fue nombrado por Boris Yeltsin tras la desintegración de la URSS como presidente interino en 1998 tras un meteórico ascenso al poder y elegido presidente de la Federación Rusa de 2000 a 2004, revalidando ese año su cargo hasta 2008. Sucedido por su vicepresidente Dimitri Medvedev, continúo como Primer Ministro hasta que en 2012 fue nuevamente elegido presidente.
Es calificado como un hombre frío, de trato difícil; son conocidas sus durísimas declaraciones especialmente por su gestión en el hundimiento del submarino Kursk, la crisis de rehenes del Teatro Dubrovka y su forma de resolución de los conflictos con Chechenia y Georgia en su primer mandato. Hace oídos sordos en lo que se refiere a las críticas recibidas por su falta de respeto por los derechos humanos y hasta el momento ha hecho piña con China en las decisiones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Barack Obama nació en Honolulu. Tiene 52 años y lleva ejerciendo cargos políticos desde 1997. Fue senador por Illinois y el quinto senador afroamericano de Estados Unidos de 2005 a 2008, año en que fue elegido por el partido demócrata como candidato a la presidencia. El 4 de noviembre de 2008 Barack Obama se convirtió en el primer presidente negro de Estados Unidos. Al finalizar la legislatura fue reelegido en 2012 coincidiendo así con Putin en la presidencia de sus respectivos países.
Sus dotes comunicativas y su simpatía le convirtieron tras su primera elección, en el líder más solicitado por todos los países del mundo, ya que representaba el cambio hacia el fin el belicismo de la etapa Bush pero, esto revirtió en duras críticas en su país que le tachan de débil por haberse mantenido en un segundo plano en política internacional en conflictos como el de Libia o por su falta de determinación ante el Congreso liderado por la oposición republicana para llevar a cabo su programa electoral de carácter más social que el de su antecesor.
Lo único que parecen tener en común es que ambos estudiaron derecho y proceden de familias humildes

2012. Juntos pero no revueltos

Una de las propuestas más atractivas de Obama en su programa electoral fue el inicio de la Política de Reset con Rusia para promover un acercamiento que finalizara con las relaciones heredadas de la Guerra Fría y conseguir un nuevo compromiso de desarme nuclear de ambas potencias. De este modo se cumplían las continuas solicitudes de Rusia de ser tratada de igual a igual por Estados Unidos. Con Medvedev a cargo de la presidencia y a pesar de que se le consideró por la comunidad internacional y por su propio país, como un títere de Putin, las relaciones se descongelaron y se produjeron importantes acuerdos en materia de seguridad y defensa que tuvieron como punto culminante la firma del START III (Tratado de Reducción de Armas Estratégicas por sus siglas en inglés) que equilibraba estratégicamente a ambas superpotencias.
El 1 de mayo de 2011, Osama Bin Laden, el hombre más buscado el mundo y líder de Al Qaeda, era asesinado en Pakistán en una operación militar acallando las voces de los que tachaban de blando al Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, aumentando su popularidad en once puntos tras el anuncio de la captura, aunque seis de cada diez estadounidenses se mostraban preocupados por las posibles represalias.
En 2012, el principal punto de controversia en la agenda internacional mundial era la guerra civil en Siria. Las potencias occidentales apoyaban a los rebeldes sirios que quieren apartar al presidente Al-Asad del poder, mientras que Rusia y China vetaban sistemáticamente cualquier resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que diera vía libre a una intervención que acabara con la masacre de civiles sirios.
Aunque tanto Estados Unidos como Rusia son países en liza permanente por el liderazgo mundial desde mediados del siglo XX y su visión de nación y patriotismo está protagonizado a menudo por la retórica de confrontación y lucha por la supremacía, la manera de entender la democracia es muy diferente. Estados Unidos por su propio sistema político está al servicio de las instituciones y la legalidad instaurada desde su creación en 1776  para fortalecerse internamente. Su política exterior se ha basado históricamente en mostrar su hegemonía a través de la superioridad de medios para ejercer su poder con o sin consenso internacional buscando congratularse con países a los que convertir en aliados, algo que se ha visto reforzado en las dos ocasiones en las que Europa reclamó su ayuda para resolver sendas Guerras Mundiales iniciadas en el viejo continente y en los posteriores conflictos que han tenido lugar en otros puntos el planeta y que afectaban a intereses propios o ajenos.
Rusia sin embargo, tras la desintegración de la URSS y la caída del sistema comunista tiene una visión de la democracia que se basa más en la estatalización del sistema político, se sirven del gobierno para manejar las instituciones y fortalecer el Estado en un ejercicio de retroalimentación que le devuelva la fortaleza que tuvo como país durante la Guerra Fría. Así, las leyes han sido modificadas a lo largo de los últimos veinte años atendiendo tanto a la apertura a la ciudadanía hacia la participación política, como para mantener privilegios por parte de la cúpula dirigente que no ha variado más de lo que inicialmente Yeltsin y luego Putin ha permitido.  Putin fue reelegido en 2012 tras una modificación legislativa que derogaba la imposibilidad de que se presentara nuevamente como candidato. En Chechenia obtuvo un más que dudoso 99, 97% de los votos emitidos y la OSCE denuncio graves irregularidades en el recuento de votos en todo el país. Su política exterior se ha basado desde el nacimiento de la nueva Rusia democrática, en recuperar su liderazgo, aprovechar su supremacía como país dueño de las mayores reservas energéticas el mundo, así como la procura de la confianza de la comunidad internacional. Hoy las relaciones entre Rusia y Estados Unidos son mucho más fluídas que entre Rusia y la Unión Europea.

Apostando por la paz

En octubre de 2009 y cuando aun no hacia ni un año que Obama había sido elegido presidente de los Estados Unidos por primera vez, el Comité de los Premios Nobel anunciaba que se le otorgaba el Premio Nobel de la Paz «por sus esfuerzos para fortalecer la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos» destacándose por su «visión de un mundo sin armas nucleares». El galardón estuvo rodeado de grandes debates que mostraban su desacuerdo por la falta de merecimiento de dicho premio que parecía más un impulso para que el presidente llevara realmente a cabo una política internacional que tendiese hacia el acuerdo y menos al recurso de las armas y una invitación a las negociaciones que acabaran con los problemas en Oriente Medio así como el conflicto Palestino-Israelí.
En 2013 Putin fue propuesto como Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para conseguir un arreglo pacífico el conflicto sirio.
Las relaciones entre Rusia y Estados Unidos que pasaron por difíciles momentos cuando Edward Snowden, exempleado de la CIA y de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional por sus siglas en inglés) reveló la existencia de programas de vigilancia indiscriminada por parte de los Estados Unidos, haciendo públicos documentos clasificados como de alto secreto y provocando un conflicto diplomático de escala planetaria. Snowden fue a refugiarse a Moscú en julio de 2013 donde finalmente Putin le dio asilo temporal de un año aunque inicialmente trataron de deshacerse de él.
La cumbre el G-20 que tuvo lugar en la capital rusa a principios de septiembre de 2013 estaba marcada por el caso Snowden y la amenaza de Estados Unidos de utilizar la fuerza tras los ataques con armas químicas que Al-Asad perpetró a finales de agosto del mismo año. A partir de entonces parece haberse iniciado la reconversión de Putin en pacificador y protagonista de las resoluciones de todos los conflictos mundiales paralelo al desprecio de las acciones iniciadas por Obama que se retira a un segundo plano cuando los acuerdos están en marcha.
Manifestando en repetidas ocasiones tras los ataques químicos del régimen sirio que seguiría apoyando a Al-Asad y vendiéndole armamento, Putin recogió hábilmente el testigo cuando el jefe de la diplomacia americana John Kerry, dijo en rueda de prensa que cabía la posibilidad de una reconsideración del uso de la fuerza por parte de Estados Unidos si el gobierno sirio permitía la entrada de miembros de Naciones Unidas que investigaran el ataque y la puesta en manos de la comunidad internacional de su arsenal químico para su destrucción. Putin tardó horas en anunciar que Al-Asad se mostraba de acuerdo con la negociación. Las reuniones en Ginebra de septiembre de 2013 entre los dos jefes de exteriores de Rusia y Estados Unidos, Lavrov y Kerry, sirvieron para cerrar el acuerdo y así dar vía libre al Consejo de Seguridad para destruir el armamento químico y condenar a Al-Asad por su uso. Obama había marcado como línea roja el empleo de este tipo de armamento como fin de la inacción de la comunidad internacional en el conflicto sirio que alcanza cotas de desastre humanitario más que alarmantes y Putin se dio cuenta de como podía cambiar su imagen exterior de la noche a la mañana aceptando el órdago.
Otra línea roja fue la que dibujo sobre una suerte de bomba marca ACME Benjamin Netanyahu, presidente de Israel, escenificando en la Asamblea de Naciones Unidas de septiembre de 2012 la alerta sobre las pretensiones nucleares bélicas de Irán. Esta misma semana y tras mas de una  década de negociaciones infructuosas y durísimas sanciones económicas y comerciales de Naciones Unidas y la Unión Europea sobre Irán, se llegaba un acuerdo por parte de los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, China y Rusia) y Alemania, el llamado 5+1, la Unión Europea y el régimen de los Ayatolas. Es inexplicable que habiendo tantos actores en el escenario de la negociación, nuevamente Putin se haya erigido en valedor de la resolución exitosa.
Putin sabe que ser aliado de Estados Unidos no da votos, sin embargo también es consciente de lo que puede suponer cambiar la retórica antioccidental por el liderazgo mundial, aunque siga sin atender los reclamos de su población que sigue manteniendo su nivel de subsistencia por encima el salario mínimo y la pensión media entre otros muchos males. Hasta 2016 no se enfrentara a unas nuevas elecciones en Rusia en donde queda mucho por hacer. Mientras tanto Estados Unidos sigue protagonizando los inicios de conversaciones que están haciendo cambiar situaciones muy enquistadas en la diplomacia mundial. Obama, al que le quedan tres años de mandato no renovable y mucho por hacer en política interior, tal vez vea reconocidos sus logros en el exterior en el futuro a pesar de su supuesta debilidad.
Mientras tanto es esperanzador ver como la disputa por el titulo de hombres mas poderosos del mundo entre los mandatarios de las dos superpotencias que durante décadas han recurrido a la disuasión del recurso de la fuerza con escaladas que amenazaban a la humanidad se decide hoy con la lucha por la consecución de la paz.

Silvia Brasa. 2013